Una gárgola de las buenas buenas es una figura fantástica que sirve para desaguar la lluvia de los tejados, para lo cual remata en un caño que sobresale del muro de un edificio. Santiago de Compostela es una ciudad que conviene visitar mirando al cielo, porque es un espectáculo de gárgolas tan interesantes como muchas de las fachadas más admirables. El problema es que algunas provocan el ennegrecimiento y el deterioro de las paredes, balcones y otros elementos de adorno, porque el agua que alivian cae en ellas en lugar de ir directamente al suelo. Es lo que ocurre en el Hostal dos Reis Católicos, uno de los monumentos de la plaza del Obradoiro.
Por eso, tras limpiarlo, se añadió a algunas de las gárgolas un tubo metálico que sobresale y no pega ni con cola en estas obras de arte. Por eso Apatrigal (Asociación para a Defensa do Patrimonio Cultural Galego), algunos ciudadanos a título individual, la agrupación vecinal del casco histórico Fonseca e incluso arquitectos de prestigio internacional como David Chipperfield cuestionan esta solución.
«No século XXI existen solucións técnicas sobradamente contrastadas que permiten resolver a evacuación de augas sen recorrer a expresións tan rudimentarias: canalizacións ocultas, sistemas integrados ou intervencións máis afinadas fan posible compatibilizar eficacia e respecto patrimonial [...], como un canlón de chumbo oculto, non ríxido e que se pode moldear», dice Carlos Fernández Coto, presidente de Apatrigal. La Dirección Xeral de Patrimonio Cultural ha avanzado que contactará con Turismo de España y el arquitecto responsable de la rehabilitación para estudiar alternativas.