Albert Camus, la existencia a prueba

> José A. Ponte Far

ESCUELA

Albert Camus en el Ayuntamiento de Estocolmo cuando ganó el premio Nobel
Albert Camus en el Ayuntamiento de Estocolmo cuando ganó el premio Nobel internet

Ahora que se acaba el curso, no está de más recordar los trabajos publicados en La Voz de la Escuela sobre los grandes escritores de la literatura universal, que nos han acercado sus mejores obras. Constituyen un grupo imprescindible para disfrutar de la mejor literatura y para comprender la importancia de la novela en el terreno literario, histórico y social de la Europa contemporánea. La serie, un escritor cada mes, la iniciamos en octubre del 2015, con William Faulkner y la terminamos hoy con el estudio sobre Albert Camus, premio nobel de literatura en 1957 por «una obra que pone de relieve los problemas que se plantean en la conciencia de los hombres de la actualidad». Entre uno y otro, en estas páginas hemos podido leer trabajos que ahondaban en la vida y obra de Joseph Conrad, Charles Dickens, Fedor Dostoyevski, Edgar Allan Poe, Gustave Flaubert, James Joyce, Jorge Luis Borges, Franz Kafka, Marcel Proust, Stendhal, Thomas Mann, León Tolstói y Ramón María del Valle-Inclán. Si todo este despliegue ha servido para que algunos alumnos se hayan acercado a estos clásicos, nuestro trabajo no podría tener mejor recompensa.

10 may 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

En plena Segunda Guerra Mundial (1939-1945) empiezan a aparecer obras literarias marcadas por un pensamiento existencialista, que había surgido ya antes de la mano de filósofos del siglo XIX como Kierkegaard, por ejemplo, pero que será una vez terminada la contienda bélica cuando brote con fuerza en toda Europa. Consiste, en líneas generales, en una percepción pesimista de la existencia que genera en el hombre contemporáneo una angustia vital, ya que considera la vida como algo sin sentido al contemplar solo el plano material del ser humano; por consiguiente, la vida será vista como algo absurdo y sin sentido. Filosofía del absurdo es la etiqueta que algunos críticos ponen a la forma de ver la vida humana que refleja Albert Camus (Argelia, 1913?París, 1960).

Aunque lo anterior puede dar la impresión de que estamos ante un pensador teórico, se puede afirmar que pocas obras como las de este autor, siempre a caballo entre la filosofía y la novela, el ensayo y el teatro, han ido tan dirigidas hacia la acción. Su periodismo, tras instalarse en París (fue articulista de Le Libertaire o de Solidaridad Obrera, entre muchos otros diarios), se convierte en un combate férreo contra todo tipo de fascismos e injusticias. Está convencido de que la ideología no puede encarcelar al hombre y también critica, sin tapujos, los dogmatismos de la izquierda.

INFANCIA Y JUVENTUD

Nació en Argelia cuando era colonia francesa, de madre nacida en este país, aunque de ascendencia española, de Menorca, y de padre francés, de origen alsaciano. Vivían en Mondovi como colonos viticultores. El padre intervino como soldado en la Primera Guerra Mundial y murió en la batalla del Marne (1914), Camus se quedó huérfano antes de cumplir el año. La madre, casi analfabeta, se trasladó a Argel, a casa de sus padres. La niñez de Camus transcurrió en un barrio muy pobre de la capital y en un ambiente familiar completamente ajeno a la cultura. Sin embargo, gracias a una beca que recibían los hijos de las víctimas de la guerra, empezó a estudiar y las dificultades económicas no fueron obstáculo para que terminase el bachillerato. Tanto en primaria como en el instituto encontró el aliento y el consejo necesario en algunos profesores, a uno de los cuales, Louis Germain, le dedicó el discurso que pronunció el día que recibió el premio Nobel de Literatura, en 1957.

Al terminar sus estudios secundarios estudió Filosofía y Letras, sobreponiéndose a unos brotes de tuberculosis que padeció durante toda su juventud. Por esta razón, fue rechazado como profesor universitario, por lo que acabó dedicándose al periodismo, primero en un periódico argelino y más tarde, al trasladarse a París, en el Paris-Soir.

COMPROMISO SOCIAL

Pero antes de esto, su vida en Argelia se fue construyendo sobre su actividad literaria y su participación política. A partir de 1934, en que contrajo matrimonio con Simone Hié, que durará muy poco, empezó a publicar (El revés y el derecho, donde describe su niñez) y a preocuparse por cuestiones sociales, con las que se introdujo en la política. Creó el Teatro del Trabajo, buscando llevar a las clases trabajadoras obras de calidad. Se adscribió al Partido Comunista, que abandonó más tarde por discrepar del pacto de Rusia con la Alemania de Hitler.

En 1940 emigró a París, debido a las dificultades que encontraba en Argelia para conseguir un trabajo, al ser represaliado por sus ideas políticas y por mantener públicamente su admiración por Francia, en un momento de serias dificultades en la relación con Argelia, a la que también amaba por considerarla su tierra. En ese mismo año se casó con Francine Faure, pianista y matemática, con la que tuvo dos hijos y con la que vivió hasta morir, a pesar del público romance que mantuvo con la actriz gallega María Casares, hija de un expresidente de la Segunda República, Santiago Casares. La conoció en los tiempos revueltos de la Resistencia en París contra el invasor nazi. Fue su compañera en la lucha clandestina y en lo personal.

Además de la actividad política, con ella compartió su añoranza por Argelia y la luz radiante de sus playas, mientras que ella le hizo sentir la nostalgia de su Galicia natal, así como los años alegres de su adolescencia madrileña. Fue una relación muy apasionada en el terreno personal y muy fructífera para los dos en el terreno artístico y creativo.

 Su relación con España

Camus, cuyo abuelo materno era de Menorca, siempre sintió un especial afecto por España, que llegó a calificar, en un escrito de 1935, como «uno de los pocos pueblos de Europa civilizado». Sufrió el drama de la guerra civil «como una tragedia propia» y siempre se sintió unido a la causa republicana. Ya hemos visto, también, su relación amorosa con la actriz María Casares, que sirvió para ahondar en el conocimiento y amor por España.

Camus, que había rechazado todos los homenajes que le querían tributar por haber recibido el Nobel de Literatura, sólo aceptó la invitación de los republicanos españoles. La conferencia que pronunció en el círculo Amigos del Mediterráneo el 22 de enero de 1958 tenía por título: Ce que je dois à l´Espagne (Lo que le debo a España). «Amigos españoles, somos en parte de la misma sangre y tengo hacia vuestra patria, su literatura, su pueblo y su tradición una deuda que no se extinguirá jamás... Yo no os abandonaré nunca y seguiré fiel a vosotros y a vuestra causa [la de la República]», afirmó entonces.

Algún tiempo después de esas palabras, el 4 de enero de 1960, a las 13.55, un coche que circulaba hacia París se salió de la carretera y se estrelló contra un árbol. En el asiento del copiloto murió por el impacto Albert Camus. Era el coche de su editor, Michel Gallimard, que era quien conducía y que también falleció.

Torrente Ballester, escribió en el diario falangista Arriba, al conocerse en España el accidente fatal: «Camus fue, en cierto modo, un sordo de Dios. Y como Dios es la música del baile de este mundo, halló que el hombre, su vida y su destino sin Dios eran absurdos. Pero Camus fue ante todo un hombre moral […]. No sé qué puesto le guardarán las historias literarias, pero sí sé que los hombres (y mujeres) de buena voluntad le tendrán siempre por uno de los suyos».

Obras filosóficas

Algunas de las preocupaciones presentes en los escritos filosóficos de Camus son la libertad humana, la justicia social, la paz y la eliminación de la violencia. El ser humano se debe rebelar contra la explotación, contra la injusticia y la violencia, porque con ese acto rebelde está afirmando unos valores éticos. No justifica el empleo de la violencia, ni siquiera por causas justas ?aquí radica su primer encontronazo con Jean Paul Sartre?, e insiste en que toda acción de protesta política debe tener una base moral sólida. La lucha, constante, ha de renunciar a la violencia: «Es necesario tener en cuenta la tentación del odio. Ver asesinados a nuestros seres queridos no es una escuela de generosidad. Hubo que sobreponerse a esa tentación. Yo lo hice. Es una experiencia importante», dijo en una entrevista publicada en 1957.

El revés y el derecho (1937) reúne una serie de ensayos sobre su vida en Argelia y viene a ser el germen del pensamiento que desarrolló a lo largo de su vida.

En 1942 publicó El mito de Sísifo, donde desarrolla sus ideas sobre el principal rasgo de la existencia, que es el absurdo. Para un ser humano sensible, el mundo no es racional, porque no somos capaces de encontrarle ninguna finalidad ni un significado determinado. De ahí surge el sentimiento del absurdo que también aparecerá en muchas de sus obras literarias.

El hombre rebelde (1951) significó su ruptura con el marxismo y con el existencialismo, lo que supuso una fuerte controversia con quien había sido su amigo y era el filósofo de más prestigio del momento en Francia, Jean Paul Sartre. Reflexiones sobre la guillotina (1957) es un ponderado trabajo en contra de la pena de muerte. Parte de que uno de los principales argumentos de los que están a favor de la pena de muerte es el de la intimidación, el de la ejemplaridad. Camus desmonta, con tres comprobaciones, que el castigo como tal no funciona. En primer lugar, porque «la sociedad misma no cree en el ejemplo del que habla». En segundo término, porque «no está probado que la pena de muerte haya hecho retroceder a un solo asesino» y, por último, porque se trata de un modelo «repugnante cuyas consecuencias son imprevisibles».

Obras literarias

En 1942 publicó su primera novela, El extranjero. Es un texto relativamente corto, pero con un protagonista, Meursault, que representa al ser humano incapaz de sentirse parte de la comunidad en la que vive, porque lo hace sin afectos hacia nada de lo que lo rodea y, por tanto, se mueve con total indiferencia. Podríamos decir que vive por inercia. Es un extraño (la otra acepción por la que podría traducirse la palabra francesa étranger) en la sociedad, no se reconoce en ella, por lo que la vida es algo a lo que no encuentra sentido. No llora por la muerte de su madre, no se conmueve ante la declaración de amor que le hace Marie, la mujer a la que claramente desea, y acaba convirtiéndose, sin causa aparente, en un asesino. No se arrepiente ante el juez que lo juzga, y lo único que es capaz de sentir es un aburrimiento paralizante. Ha sido arrojado a un mundo que no le pertenece, con el que no tiene nada que ver. Mersault es la representación del ser humano sin esperanza, apático y pasivo. Se muestra indiferente ante su ajusticiamiento, no abriga el más mínimo sentimiento de lástima por sí mismo ni arrepentimiento por lo que hizo. Ni siquiera lo conmueve la perspectiva de su muerte.

La novela hay que entenderla como una advertencia del hombre que esta nueva sociedad está creando, sin tener en cuenta al individuo ni, por lo tanto, su participación activa en la comunidad. El autor está adelantando los peligros que acechan a la sociedad europea, desgarrada y escéptica después de dos guerras mundiales. La voluntad del individuo queda anulada por el escenario social en el que le ha tocado vivir. Mersault, el protagonista, personifica la carencia de valores del hombre, degradado por el absurdo de su propio destino. Es un antihéroe maniatado por su propia angustia existencial.

La peste

Publicada en 1947, esta novela está considerada como un clásico del existencialismo, a pesar de que Camus no estaba muy de acuerdo con esta etiqueta. Cuenta la historia de dos médicos que descubren el sentido de la solidaridad prestando una gran labor humanitaria a la población de Orán, azotada por una epidemia. Aunque la novela está ambientada en el siglo XX, la historia se basa en la peste que asoló la ciudad argelina en 1849 tras la colonización francesa.

La novela lleva implícita una reflexión de índole filosófica: el sentido que adquiere la existencia para el ser humano que no tiene fe en Dios ni comparte una moral universal. La ausencia de este sentido religioso y moral hace que el hombre sea un ser absurdo, que no tiene control sobre nada, cuya inútil existencia puede acabar por una desgraciada circunstancia, como en este caso la peste. La única salida sensata para el ser humano es valorar la vida por sí misma: no por causas superiores (religiosas, ideológicas, etcétera), sino por su capacidad de ayudar a los demás, pero preservando su libertad individual. Esta novela, tanto por su tono narrativo como por su contenido filosófico, nos recuerda la obra de Kafka El proceso, a la que Camus homenajea de forma indirecta. El tema, que sirve de sustrato a la novela, es tratado por Camus de forma más exhaustiva en su ensayo El hombre rebelde.

El asunto se centra en la peste bubónica que se desencadena en las calles de Orán y que es detectada por el doctor Rieux y su compañero Tarrou. La historia está contada por un testigo que sigue los pasos de los personajes involucrados en la epidemia. La peste (el mal, el absurdo del mal) logra que sean muchos los hombres que se decidan a colaborar solidariamente para luchar contra ella, porque están dispuestos a acabar con todo aquello que pueda entorpecer y denigrar la vida humana. En un determinado momento de la obra, el autor proclama que «en el hombre hay más cosas dignas de admiración que de desprecio», al tiempo que condena rotundamente todo lo que, teniendo un origen divino o humano, sea capaz de producir sufrimiento al hombre.

El hombre absurdo vive sin Dios, pero eso no significa que no pueda entregarse a hacer el bien a los demás, sacrificándose y sin esperar recompensa. Mostrará así la grandeza del ser humano, equiparándolo a lo que los creyentes llaman santo. En este caso, un santo ateo.