aya por delante que el famoso san Valentín, quizás un romano martirizado en el año 270, no tiene nada que ver con los enamorados. Lo único que puede citarse para tal relación es una leyenda vigente en el siglo XIV y que conocemos por Geoffrey Chaucer, el autor de Los cuentos de Canterbury, que la recoge en su poema onírico El parlamento de las aves. Según esa tradición, los pájaros ?que parece que comienzan a cantar por estas fechas?, escogen su pareja precisamente el día 14 de febrero. La proyección de semejante mito pajaril al colectivo humano es cosa reciente, pero en esas estamos, aunque sea necesario recordar que todas las comparaciones son odiosas.
Lo digo, entre otras cosas, porque entre aves hay rituales de cortejo que son inigualables. El pájaro mosca, o colibrí zunzuncito (Mellisuga helenae), que describió por vez primera el ferrolano Juan Lembeye en 1850, agita sus alas para volar unas 80 veces por segundo, haciéndolas invisibles y aparentando así la levitación de un cuerpecillo que pesa tan solo 1,8 gramos. Pues bien, hay noticia del cortejo en que un macho llegó a estar suspendido en el aire durante 50 minutos, describiendo arcos pendulares arriba y abajo, atrás y adelante, subiendo hasta veinte metros y descendiendo luego como un rayo para quedarse clavado exactamente a la altura de la hembra que lo observaba. Imaginemos el gasto energético que realiza el animalito en este impresionante ceremonial, cuando puede por momentos llegar a mover las puntas de sus alas hasta 200 veces por segundo.
Para eso hay que estar muy enamorado, pues hay niveles. En el libro IV de la Eneida, Virgilio cuenta que a Dido, reina de Cartago, le llegó hasta los huesos el sentimiento que tenía hacia Eneas. La traducción que hizo Quevedo lo concreta más, haciendo penetrar aquel amor hasta la médula ósea; esa idea tuvo éxito, y hoy todavía nos referimos a los tuétanos para expresar que algo nos cala muy hondo. Pero no es esa la única referencia anatómica para la ubicación del amor. Cervantes concreta que don Quijote estaba enamorado de Dulcinea «hasta los hígados». Así, en plural, poniendo en boca de Sancho una expresión que según el Diccionario de autoridades (1734) es «Phrase vulgar, de que se usa para ponderar y exagerar el excesso en alguna cosa» y que se corresponde con la latina usque ad viscera. Mira por dónde, visceral es un término que usamos para aquello que es intenso e irracional. Quizás sea lo contrario de cerebral.
Y así llegamos al meollo de la cuestión. Porque el amor no es cosa del corazón, sino del cerebro. Aun cuando se haya escogido el músculo cardíaco como símbolo favorito de los amores, y no en vano es él quien sufre taquicardias y otras alteraciones rítmicas, la clave del flechazo está en el cerebro. Es allí donde con ciertos estímulos se produce la feniletilamina (FEA), un neurotransmisor que es familiar químico de las anfetas, y que se vincula a signos del enamoramiento como taquicardia, insomnio, excitación y enrojecimiento. Pero la explicación no es tan sencilla, y hay hormonas también implicadas, sobre todo el trío de dopamina, adrenalina y norepinefrina. La primera provoca sentimientos de euforia, mientras que las otras dos colaboran en quitarnos el sueño y hacer que el corazón bombee con fuerza.
Por lo demás, fuera de la biología hay todo un mundo, o muchos otros mundos, para el eros. Nos encontraremos en la vida con amores platónicos, con amores imposibles como los que menciona Cortázar, con amores extraterrestres como refiere Kavafis y con otros que son ardientes, ciegos, indefinibles... Por cierto, si algún lector precisa de diagnóstico, sepa que nuestro Cervantes se refiere en El curioso impertinente a quien «no solo tiene las cuatro eses que dicen que han de tener los buenos enamorados, sino todo un abecé entero». Aquellas cuatro eses que eran definitorias para nuestros escritores en la Edad de Oro son: sabio, solo, solícito y secreto. ¿Cuatro de cuatro?
Palabras con historia
Arde la enamorada Dido, y corre en llamas el furor por sus médulas.
Publio Virgilio Marón (70-19 aC), en traducción de Francisco de Quevedo.
Oh, amigos, cuando yo estuve enamorado ?hace ya tantos años- no vivía en el mismo mundo que el resto de los mortales.
Constantino Kavafis (1863-1933)
La mejor definición del amor no vale el beso de una mujer enamorada
Joaquim Machado de Assis (1839-1908)
Creo que no te quiero, que solamente quiero la imposibilidad tan obvia de quererte como la mano izquierda enamorada de ese guante que vive en la derecha.
Julio Cortázar (1914-1984)
Todo enamorado está ciego.
Sexto Propercio (47 aC-15 dC)
En la vida del enamorado, los prudentes consejos del viejo suenan como la voz atiplada de un eunuco que disertara sobre las excelencias del celibato.
Santiago Ramón y Cajal (1852-1934)
Uno está enamorado cuando se da cuenta de que otra persona es única.
Jorge Luis Borges (1899-1986)
Actividades
1. Si el corazón es el símbolo protagonista del enamoramiento, es porque notamos materialmente en nuestro pecho cómo varían la intensidad o frecuencia de los latidos ante estímulos relacionados con la persona amada. Pero también por otros motivos. Mide tu pulso. Podéis realizar en clase un histograma con las frecuencias cardíacas de todos. Haced la misma operación antes y después del recreo. ¿Hay alguna diferencia?
2. La leyenda clásica de Dido y Eneas fue convertida en ópera por Henry Purcell (1659-1695). Puedes encontrar en YouTube varias versiones de esa ópera barroca, cuya pieza más famosa es el aria «Lamento de Dido». Esta versión tiene subtítulos en español: http://bit.ly/1M0ilT6
3. Según la leyenda sobre la fundación de Cartago, Dido pudo cercar una gran superficie cortando en tiras la piel de un buey para hacer así la cuerda más larga posible. ¿Cuál es la mayor superficie que puedes rodear con las tiras obtenidas de un folio? ¿Consigues abarcar tres metros cuadrados?
4. Para frikis o antiguos profes de latín (que alguno quedará): al describir el grado de amor de la reina de Cartago, Virgilio dice literalmente: «Ardet amans Dido, traxitque per ossa furorem». Buscad alternativas a la traducción de Quevedo que figura en la relación de frases.
5. Tanto en la historia como en la ficción, existen parejas enamoradas famosas, como también hay amores no siempre correspondidos. Empareja a los siguientes personajes, que van aquí por orden alfabético: Bonny, Cleopatra, Clyde, Dido, don Quijote, Dulcinea, Eneas, Julieta, Marco Antonio, Romeo.
6. El Padre Sarmiento criticó el uso supersticioso que se hacía en San Andrés de Teixido de la llamada herba de namorar. Haz una ficha de esta planta que vive en toda la costa gallega, y cuyo nombre científico es «Armeria maritima».