La formación anticapitalista dinamita el proceso soberanista catalán por solo seis votos
04 ene 2016 . Actualizado a las 10:55 h.«No votaremos nunca una investidura de Mas. Y nunca es nunca. Nunca, nunca y nunca», ha dicho una y otra vez el diputado anticapitalista Antonio Baños durante los tres largos meses de negociaciones entre Junts pel sí y la CUP.
La izquierda radical independentista ha dicho tantas veces que no facilitaría la reelección de Artur Mas, que cuanto más insistía en el veto más complicada hacía la marcha atrás.
El presidente catalán fio su suerte y la del proceso soberanista a una cesión a última hora de la formación anticapitalista y la jugada le ha salido mal. Salvo sorpresas, nada descartables en la política catalana que las ha visto de todo los colores en los últimos tiempos, la undécima legislatura, la que debía conducir a Cataluña hacia la independencia en un plazo de 18 meses, no dará ni un paso.
Mas, que el pasado 27-S consiguió convencer a Esquerra para presentarse juntos bajo una candidatura independentista, recibió ayer el no definitivo de la CUP y, al no poder formar Gobierno, deberá convocar nuevos comicios para marzo. Serán los cuartos en 5 años y es posible que ya no tengan la carga plebiscitaria de hace 3 meses.
La formación anticapitalista convocó a su consejo político para deshacer el empate que se produjo hace una semana en la asamblea de la formación entre los partidarios de investir a Mas y los contrarios, y al final se impuso la coherencia interna y la opción que causaba menos daño dentro de la organización.
Hace 7 días, votaron 3.100 militantes y simpatizantes, mientras que ayer el cónclave quedó reducido a 68 miembros de la 13 asambleas locales y pequeñas organizaciones que integran el partido.
Tras más de 4 horas de debate y 2 rondas de votaciones, el resultado fue de 36 votos a favor de rechazar la investidura de Mas y 30 en contra. La opción de reelegir al líder de Convergència ni siquiera pasó el primer corte y quienes decantaron la balanza fueron los representantes de las corrientes del partido, que en última instancia han hecho prevalecer el alma antisistema y anticapitalista del partido por encima del sector independentista.
El veto a Mas se traducirá en 10 abstenciones de los diputados de la CUP en la votación de la investidura del dirigente convergente, si es que llega a producirse, que harían insuficientes los 62 escaños (sobre 135) que tiene Junts pel Sí.
La CUP, en cualquier caso, negó que el proceso esté muerto y dejó una puerta abierta a apoyar a Junts pel Sí, si la coalición que agrupa a Convergència y Esquerra mueve ficha y propone otro candidato para la sesión de investidura que podría empezar en ese caso este lunes. «Si Mas dijo que no sería un obstáculo para el proceso, ahora tiene la oportunidad de demostrarlo», afirmó la diputada anticapitalista Gabriela Serra.
Después de la votación, la CUP ofreció una rueda de prensa y, a diferencia de lo que es habitual, no compareció toda la cúpula. «Si hay elecciones, será por el inmovilismo de Mas» quisieron destacar. «Hasta el 10 de enero, hay tiempo», añadieron.
CDC ratifica a Mas
En efecto, una semana da para mucho en política y, aunque el plazo para que la legislatura siga viva expira el domingo, se tendrían que dar unos cuantos quiebros de última hora que salvaran la mayoría independentista en la Cámara catalana. Entre otros, que Mas diga basta y en caso de que haya sesión de investidura, renunciara como candidato y propusiera uno que la CUP pueda aceptar. La piedra está en el tejado de Mas y en sus manos está salvar la legislatura, aunque desde Junts pel Sí ratificaron ayer que el único candidato es Mas y que no habrá otro.