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El joven, estudiante de Bachillerato, se debate entre hacer Filosofía o Ingeniería Informática

20 sep 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

La primera vez que fue a un campo de golf debía tener 11 o 12 años. Iba con su padre, Aquilino Fariñas, doctor. Pero sí que fue alrededor de los 11 o 12 cuando empezó a interesarse de verdad por el deporte, y a salir al campo. Comenzó a practicar, a mejorar y, al cabo de unos años, acabó superando a su padre. «Él está más contento que yo. Está disfrutando mucho con esto, y a mí esto me hace muy feliz. Él ha visto toda la evolución, desde cómo comencé a aprender lo más básico hasta como le fui superando, aunque no lo quiera admitir», bromea Enrique Fariñas.

Lo dice con naturalidad. Con la que le da acabar de proclamarse campeón de España de tercera categoría. Tiene 16 años, y en solo cinco ha terminado la ESO, accedido a Bachillerato y logrado entrar en la élite nacional por el green. El fin de semana lo materializó completando el campo público de Monte Castrove, en Meis, con un total de 243 golpes -83 en la primera vuelta, 83 en la segunda y 77 en la tercera- y con diez de ventaja al subcampeón, Juan Borja Otero Villalpando, quien sumó 253 tras rellenar tres tarjetas de 86, 81 y 86 golpes.

Sin embargo, a pesar de su corta edad, conoce bien su pasión. Para lo bueno y para lo malo: «Requiere más que tiempo que otras disciplinas, además de paciencia y constancia, pero conforme vas aprendiendo te vas motivando», explica, y reconoce algo que es una máxima entre los jugadores de golf de todo el mundo. «Es un deporte muy cruel a veces, nadie te debe nada. A veces haces una vuelta malísima y encadenas una racha muy mala y crees que no sabes jugar a esto, y muchos días que empiezas a duras, y no sabes si el golf es lo tuyo. Y a veces... tienes algún día bueno», dice, riendo. Todo el que ha pasado por un puttin green lo sabe. Y él, más que nadie.

Mente fría para todo

También qué es lo que hace falta para intentar destacar en ello: «Perseverancia ante todo. Hay que ser muy tenaz, perseguir siempre las metas y no rendirse, pero también hay que tener mucha calma, mucha mente fría cuando las cosas van mal, y apretar los dientes y seguir para adelante». ¿Es igual en todo? «Sí, soy así para todo. El golf, al fin y al cabo, es la vida simplificada un poco. Las cualidades que me hacen falta para jugar al golf no son malas desde luego, son bastantes buenas», reconoce. Habla con serenidad, con un vocabulario amplio y bien escogido, y con las ideas claras.

Casi todas. Lo del golf, por ejemplo, lo tiene casi transparente: «Por supuesto que me gustaría», responde cuando se le pregunta si se ve viviendo de esto. Voluntad e ilusión le sobran, pero el sentido común exige su cuota de espacio: «La universidad es lo primero. Siempre me lo dicen y yo ya lo tengo muy claro: que una cosa es el golf y otra los estudios, y son estos los que priorizan. Hombre, intentaría integrarlo todo, y hay gente que recibe una beca para poder seguir jugando al golf mientras estudia». Pero, mientras eso llega, toca decidir: ¿ciencias o letras? «Desde pequeño me gustaron los ordenadores y la informática, así que hacer Ingeniería Informática sería interesante. Pero también otra carrera que me llama mucho la atención, y no tiene nada que ver, es Filosofía. Me parece muy muy interesante expresar las ideas con palabras. Quizás a nivel laboral sería más problemática, pero si consiguiese vivir del golf, estaría arreglado...», deja caer, en voz alta, como si fuese una petición formal.

Y, si pudiese concedérsele, sería muy difícil no hacerlo. Solo sus problemas esporádicos con la espalda consiguen alejarlo, y no mucho, del green. «Sí que me pongo de mal humor cuando llevo un tiempo sin estar a ello».