Tras 44 años de lucha, Jesús Méndez, director de la banda de música Eduardo Pondal, ha conseguido el certificado de graduado que acredita sus estudios del 72
09 dic 2016 . Actualizado a las 05:00 h.Si las historias empezasen por el final, habría que decir que Jesús Méndez Torrado, Suso de Basilio (Corme, 72 años), tiene aún sueños por cumplir. Sentarse como invitado en un aula universitaria, «alí na última fila», es uno de ellos. Dar clases de gallego también le gustaría, «a xente da miña idade que queira aprender gratuitamente».
No obstante, si las historias empezasen por el principio, habría que decir que Suso empezó a ir a la escuela a los 7 años, y que la dejó a los 13, «coma tantos outros da miña idade, da miña xeración, que non quero vitimismo». «Daquela podías plantar, é triste, pero podías...», señala.
Salió de las aulas sin graduado, apenas con una cartilla de escolaridad, y a esa edad empezó a vivir con su padre la vida de una banda musical. No era fácil, pero el germen de la música le caló dentro y pesaba más que las incomodidades de dormir en cabanotes y hasta con el traje puesto, como él mismo escribió en La Voz. Vivía la fiesta.
Con 17 acabó de voluntario en la banda de Infantería, avanzando en estudios musicales, y después llegarían muchas otras cosas, todo a su tiempo.
Teniendo ya 28 años y casado, surgió en A Trabe (Ponteceso) la posibilidad de acudir a un curso para cubrir estudios primarios. Suso no lo dudó y aprobó. Era 1972. Fechada en el 11 de abril de ese año, le entregaron una certificación provisional en la que se dejaba constancia de que había superado las pruebas.
Aquel papel se extravió durante más de 44 años, por lo que Suso, pese a los esfuerzos y varios intentos, no tuvo manera de conseguir en la Xunta el certificado de estudios primarios al que tenía derecho. Eso fue así hasta hace apenas unos días, cuando halló aquel documento de 1972 y pudo volver a la jefatura territorial de Educación, en A Coruña, el pasado 5 de diciembre.
Apenas unos minutos bastaron para, ahora sí, poner fin a media vida de lucha. Hasta quien le atendió y le entregó su correspondiente certificado de titulación se emocionó con él. «Deille un bico ao papel cando o tiven nas mans», relata. Recoge el impreso que aquellos estudios primarios del 72 equivalen ahora «para os únicos efectos de acceso a empregos públicos e privados, ao título de graduado en Educación Secundaria Obrigatoria». Hay metas sin edad, y Suso va para los 73. No perdió por el camino su tenacidad.
Todo lo anterior, un logro que a él le da cierto reparo contar, sería la historia contada desde el principio y desde el final. Pero el caso es que las vidas tienen eslabón intermedio, y también aquí hay mucho que tratar.
El Celga 4, a los 65
Méndez trabajó como ebanista, como albañil y como panadero: «A pobreza da casa era moita, non me avergonza». Por lo demás, pronto cumplirá 15 años como director de la banda de música Eduardo Pondal de Ponteceso, heredera de aquella primera en la que empezó con su padre cuando solo tenía 13 años.
Suso dirigió cuatro corales polifónicas, fundó la orquesta Novas Ideas, una entidad vecinal, publicó el libro A música en Corme tras toda una vida de investigación, mantiene un blog (Dende Corme ao mundo), pasó 20 años en el conservatorio, se tituló en trompeta y supo arrancar arte al acordeón, al violín y al piano. Trata de aprender cada día más vocabulario -«tan pronto vexo unha palabra nova, aí vou ao dicionario»- y valora la comunicación, el lenguaje: «Agora escriben ‘‘tkm’’ por ‘‘te quiero mucho’’».
A los 65 años logró el Celga 4 en la Escuela de Idiomas (certificado de lengua gallega): «Alí eran todos mozos, pero ninguén se estrañaba de min. Aínda me dá máis orgullo que o do graduado». Sigue componiendo y haciendo arreglos para la banda.
Como cualquier niño de Corme, Suso quería ser mariñeiro. Pudo ser patrón a los 14 años, como lo habían sido sus antepasados, pero su familia eligió para él un medio menos «mol». No se arrepiente. A la vida hay que seguirle la música.