Cristina Balvís Gallego lleva a sus dos hijos, de 12 y 15 años, a un colegio concertado de Ourense desde hace años
31 ago 2015 . Actualizado a las 05:00 h.Cristina Balvís Gallego lleva a sus dos hijos, de 12 y 15 años, a un colegio concertado de Ourense desde hace años. Aunque el colegio no tiene uniforme, Cristina tiene que comprar el chándal obligatorio, algo que tiene muy en cuenta a la hora de hacer un presupuesto general de cara a la vuelta a las aulas. «Aún no sé exactamente cuánto me voy a gastar en el inicio del curso, por suerte cuento con el cheque de la Xunta para pagar los libros de texto de mi hijo. Mi hija va a coger los manuales del banco de libros del colegio», puntualiza.
Aún así, Cristina no sabe exactamente cómo va a ser este inicio de curso, ya que «estamos en ascuas, porque en el banco del colegio no hay libros suficientes para todos, no sé si los que faltan los va a pagar la Xunta o si, por el contrario, tendrá que comprarlos el propio colegio. El problema es que aprobaron la ley y ni siquiera tuvimos tiempo de organizarnos». Es consciente de que cada año se gasta más a lo largo del curso académico, pero en parte porque, a medida que sus hijos pasan de curso, los libros son más caros, mientras que las ayudas son las mismas.
Eso sí, Cristina tiene varios trucos para ahorrarse algo de dinero en la vuelta a las aulas. «Intento reutilizar todo lo que puedo de otros años. Por ejemplo, en las libretas que tienen pocas hojas usadas, arranco esas en concreto y la libreta sirve perfectamente para otro año. Además, todos los bolígrafos y lápices se aprovechan», cuenta Cristina. Pero reconoce que, de no ser por la implantación de la LOMCE, podría haberle sacado mayor partido al material de otros años. «A mi hijo le han cambiado todos los libros. Es una pena, porque sino fuera por eso, usaría los de su hermana mayor. Tengo todos los libros de otros años guardados y están prácticamente nuevos». Cristina recurre también a otras amigas con hijos algo más mayores, ya que es una forma de ahorrar algo de dinero. «También hago intercambios con amigos. Si mi hijo necesita un libro de lectura para hacer un trabajo, prefiero pedírselo a alguien que ya lo haya leído, a tener que gastarme el dinero para algo que solo va a utilizar una vez».