Después de casi un año de lucha para que se reconozcan los derechos de nuestros niños a tener una educación de calidad, me doy cuenta de que no sé si valió la pena tanto esfuerzo. Parece que se nos olvida que somos pocos... Solo tenemos la razón de nuestro lado y la firme creencia de que nuestros hijos tienen los mismos derechos que cualquiera, y también tienen la inmensa suerte de vivir en la montaña lucense... Pero esto va camino de convertirse en un estigma; sin profesores, no podemos darles oportunidades, se quedan sin opciones... ¡Qué cultura van a tener y qué conocimientos si están minando la base! Pero claro, la clave está en los números: no dan la ratio y entonces no tienen derecho a profesores; así de simple. ¡Y nosotros sin saber que nuestros niños eran números! ¡Menos mal que nos lo dijo el señor Ramos Ledo, xefe territorial de Cultura, Educación e Ordenación Universitaria en Lugo! Resulta hasta obsceno pensar en celebrar el día das Letras Galegas (este año dedicado a Roberto Vidal Bolaño), cuando, a un mes de que termine este curso escolar, no tenemos noticias de que vaya a haber profesora de infantil en los dos colegios de Cervantes. Me pregunto: «¿Qué motivos tenemos para celebrar nada?». Tal vez deberíamos dejar de ser tan hipócritas y llamar a las cosas por su nombre. A este gobierno le importa un pimiento la educación de sus niños, le importa lo mismo el futuro de Galicia. ¿O es que solo las madres y los padres nos damos cuenta de que invertir en educación es garantizar el futuro de este país? Parece que así es. Y así vamos mal. Estoy siendo egoísta al hablar solo de madres y padres, también nuestros profesores están haciendo un esfuerzo titánico para sacar adelante una clase con cuatro cursos diferentes o con cinco, mezclando niños de 3 a 8 años... ¡Qué pena que no sean verdaderos «titanes»! Y los padres, en este caso solo tenemos que agradecer profundamente ese esfuerzo..., pero ¿cuánto van a poder hacer ellos si están viendo como les quitan medios poco a poco? No voy a escribir sobre el nuevo decreto de los comedores ni sobre el anteproyecto de la nueva ley de educación porque puedo hacer llorar a alguien y eso no lo pretendo. Pretendo que mis hijas y todos sus compañeros de la montaña tengan futuro.