Alumnos del colegio Ana María Diéguez plantaron árboles frutales en una parcela del centro, dentro del programa Voz Natura La puntualidad en el cumplimiento de los plazos estipulados en su proyecto Voz Natura es la nota predominante este curso en el colegio rianxeiro Ana María Diéguez. El buen tiempo permite a los alumnos del centro educativo seguir paso a paso las actuaciones marcadas en su agenda natural. De este modo, en el marco del programa medioambiental de la Corporación Voz de Galicia, los estudiantes de la parroquia de Asados sacaron la mayor productividad posible a parte del terreno que rodea al centro, plantando árboles frutales y autóctonos. Además, hicieron el seguimiento de las especies cultivadas el curso pasado.
16 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.En el patio del colegio público Ana María Diéguez no hay ni un sólo papel, ni ningún resto de desperdicio. La limpieza del entorno que rodea al inmueble es otra de las actividades del proyecto Voz Natura. Y la cumplen a rajatabla. También siguen al pie de la letra las directrices marcadas en su iniciativa, que les llevó a plantar limoneros y perales, entre otras especies frutales, en la parte trasera del edificio escolar, donde también sembraron diversos ejemplares de árboles autóctonos. Pero fue un terreno público en las inmediaciones de la capilla de Santa Lucía el que se llevó la mejor parte. Allí los estudiantes plantaron noventa ejemplares del país. Castaños, robles, acebos y nogales están ya prendidos en la tierra. Los alumnos de Asados realizaron además varias expediciones a una plantación que hicieron el curso pasado en una superficie de Cruz Nova, lugar situado a unos dos kilómetros del centro. Este seguimiento fue otra de las actividades medioambientales que llevaron a cabo los chiquillos, bajo la supervisión de los docentes. Además de acondicionar las inmediaciones del edificio y parcelas cercanas a éste, los chiquillos trabajaron el tema del reciclaje del papel y el cartón. De sus manos salieron interesantes carteles, que en la actualidad cuelgan de las paredes del pasillo del centro, y divertidas papeleras de colores, que sirven para que, tanto profesores como escolares, depositen los restos de los envases de los productos que comen durante el recreo o simplemente los folios y libretas que ya no les sirven para nada.