«La Administración está sensibilizada»

J. M. SANDE MUROS. CORRESPONSAL

EDUCACIÓN

Rita Fernández González, profesora de Pedagogía Terapéutica del Fontexería de Muros Rita Fernández González es la profesora de Pedagogía Terapéutica del instituto Fontexería de Muros. Entre sus tareas destaca el apoyo a los escolares con necesidades educativas especiales. Éste se plasma en el refuerzo escolar fuera del aula, la atención específica a niños con discapacidades psíquicas y la colaboración con los tutores para la resolución de los problemas escolares que plantean los alumnos. Pese a la complejidad de esta labor, la docente se siente satisfecha con su trabajo, pues, aunque es difícil ver reflejados los resultados, «lograrlo resulta muy gratificante».

31 may 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Además de ser pedagoga, Rita Fernández también ejerce como profesora en el instituto de Educación Secundaria de Fontexería. La elección de una profesión es muchas veces circunstancial, pero en su caso asegura que siempre sintió una particular tendencia hacia el mundo infantil y docente. Esta inclinación la llevó a decantarse por el campo de la educación especial. Los años de experiencia en esta tarea la van asentando en el ejercicio. Con el paso del tiempo, confiesa que se siente plenamente a gusto tratando con niños que tienen distintos tipos de discapacidades. -¿Cuál es la función de una pedagoga terapéutica dentro de un centro educativo? -En términos generales diría que nuestra misión es la de contribuir con el resto de los profesores del centro a que los alumnos reciban la enseñanza global, integradora, e individualizada a la que todo niño tiene derecho. -Esta es una premisa legal que recoge el Derecho. Pero, ¿de qué manera se lleva a la práctica en las aulas, en las clases? -Los tutores son los que llevan la iniciativa educativa en cada grupo de escolares, porque ellos son los que conocen más en profundidad las carencias educativas de sus alumnos. Los tutores son los encargados de plantear las necesidades, que se elevan al servicio de orientación escolar. Éste hace una valoración de cada caso. Pero primero realiza una serie de pruebas psicosométricas y entrevistas a los chavales que, por el motivo que sea, no consiguen seguir el ritmo del resto de compañeros del aula. -¿Cuáles son los problemas más frecuentes con respecto a las carencias del niño? -Debemos partir de dos postulados a la hora de tratar los problemas de disfunción escolar, ya que éstos tienen básicamente su origen en una insuficiencia intelectual o una inadaptación. Después de conocer las razones por las que un alumno no sigue el ritmo de los demás, deben diversificarse y adaptarse a cada caso las soluciones que se pretendan tomar. -Desde su perspectiva de pedagoga, ¿considera que la administración educativa está sensibilizada con los problemas de la disfunción escolar? -Pienso que sí, ya que, al menos en nuestro centro, contamos con medios materiales y humanos para tratar estos casos, aunque las necesidades siempre nos desbordan. Una de las deficiencias todavía comunes en todos los centros son las barreras arquitectónicas. Esperemos que en el Fontexería se solucionen este verano. -¿Cuál es su labor diaria en el instituto muradano? -Desempeño varios papeles. Por una parte, presto atención específica y continuada a alumnos con problemas psíquicos graves. Por otra, llevo a cabo tareas de refuerzo educativo con aquellos niños que presentan dificultades o retrasos en el aprendizaje. En ambos casos se busca que los niños estén lo más integrados posible en el grupo al que pertenecen. De todas formas, dependiendo de las condiciones de cada alumno se les dedica más o menos tiempo de observación fuera del aula asignada para que reciban la formación educativa.