Una taberna de premio Planeta en O Corpiño

RODEIRO

Miguel Souto

Manuel Ramos es el propietario de este veterano local inmortalizado por Dolores Redondo

12 feb 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

Manuel Ramos López es el propietario, junto su mujer, Luisa Montoto, de la taberna de O Corpiño que Dolores Redondo inmortalizó en Todo esto te daré, la novela con la que ganó el último Premio Planeta. En él la escritora describe el interior apuntando que «la barra ocupaba todo el ancho del local, que no tendría más de veinte metros cuadrados en los que solo había dos mesas y media docena de sillas que se ubicaban ambos lados del acceso de entrada».

Encontramos a Manuel fuera de la casa, cortando leña, y aunque el local, que atiende su mujer estaba cerrado, nos abre para contarnos la historia de esta taberna con solera que abrieron ya sus padres y que suma más de medio siglo de historia.

En el interior, nada más entrar, el sabroso olor de un caldo sale de la cocina e inunda el aire. Un aroma que Dolores Redondo inmortalizó también en el libro, al igual que las inmaculadas tazas de porcelana blanca con las que Manuel nos invita a un vino mientras departimos amigablemente. Cuenta que está ya jubilado, su trabajo en Correos durante más de 35 años que le valieron al establecimiento el que algunos lo conozcan como el del cartero y su trabajo en diferentes obras por toda la geografía.

Explica que «máis que o carteiro, aquí conocese pola Casa dabieras, porque meu pai era de Abieiras, de Merza. Un topónimo que viene de los avellanos que abundaban en esa zona de Vila de Cruces. A lo largo de las últimas décadas esta taberna de O Corpiño fue testigo de la historia de la zona. Manuel Ramos destaca los tiempos del wolfran después de la guerra. Unas minas que «tiñan os ingleses e logo mercaron os franceses, aínda que agora son dunha familia española». El mineral palió la miseria que reinaba en toda España y trajo dinero y prosperidad.

Ahora, dice, «a miña muller, que a que sigue levando todo esto, fai 69 anos e a taberna vámola pechar pronto porque non temos relevo». Su único hijo da clases en Logroño y, apunta, «sacou a praza fai dous anos».

El local está abierto sobre todo los domingos y es famoso por sus callos. A diario la zona está muy tranquila, y las misas del santuario marcan la afluencia de gente. Manuel Ramos se enteró de que O Corpiño salía en el libro «por La Voz de Galicia, e xa vín que algo saía do cura tamén». A Dolores Redondo no la conoce y si estuvo por allí no la recuerda «pasa moita xente».

La escritora, que es probable que conociese el santuario en una de sus visitas a Galicia, en concreto a Rodeiro donde vive su hermana, no se dio a conocer ni en la taberna ni en el santuario, donde el párroco, José Criado, apunta que no la conoce. Tal vez fue una de los cientos o miles de feligreses que acuden al templo y una persona de tantas que después de la misa se acerca al cura para preguntarle por el templo.

José Criado sí leyó la novela. El personaje de Lucas, el párroco del santuario de esta historia, tiene más o menos su edad y Dolores Redondo pudo haberse inspirado en él. Al sacerdote le parece muy bien y acertada la descripción que hace del templo y las escenas relacionadas con la Virgen. En cuanto al cura de O Corpiño de Todo esto te daré, el personaje es una buena persona que ayuda al protagonista a esclarecer el asesinato de su marido. En el libro tiene un comportamiento correcto en todo momento, algo que al verdadero párroco de Losón, le parece muy bien apuntando que «a entrada do personaxe gustoume». José Criado apunta que, de momento, el tirón del Premio Planeta no se notó en la afluencia de visitantes, pero cree que puede contribuir a ello de cara al verano.

En la novela, Dolores Redondo describe al detalle el santuario, habla de las curaciones, de las gentes que acuden a «curar o meigallo» y de la taberna de Manuel, aunque no dice su nombre. Lo hace en el capítulo titulado Quebrar la corteza, en la que el protagonista, Manuel, se acerca a O Corpiño para hablar con el cura y se mete en la taberna a tomar un vino. En la página 315 de la edición de Planeta, Redondo inmortaliza a otro clásico de la zona, los chorizos de Lalín, una tentación dentro de una nevera para un guardia civil al que su mujer mantiene a régimen severo.