AL FILO | O |
06 sep 2006 . Actualizado a las 07:00 h.LA SOMBRA del fuego continúa siendo alargada y mientras el aire siga teniendo el color y el sabor de un verano que más parece a punto de empezar que de expirar, la psicosis continúa. Después de la crisis de agosto, que llaman algunos, el cerco de la vigilancia se estrecha. O tal vez no, seguramente sigue siendo el mismo, pero como estos días afortunadamente el fuego nos ha dado casi una tregua, los efectivos desplegados por la zona se ven más. A los voluntarios que caminan a diestro y siniestro por los montes de Zobra o recorrer el Sobreiral do Arnego en Carmoega se unen otros cuya presencia resulta menos discreta. Hablamos del Ejército. Ayer en algún bar de Lalín comentaban con sorpresa el aterrizaje en la explanada de la estación de autobuses que hace las veces de helipuerto de uno de esos pájaros de hélice pintado de verde oliva que después de darse unas vueltas por el cielo de la zona y sobrevolar Lalín se posó en la villa. En Rodeiro algunos miembros de la patrulla del Ejército que se encargan de recorrer los montes hicieron una parada en el consistorio para visitar al regidor. En las parroquias los vecinos ven con buenos ojos la presencia de los militares como medida disuasoria que parece que infunden cierto respeto. Mientras tanto en el casco urbano, los transeúntes seguimos paliando los excesos del termómetro a golpe de polo helado y grandes dosis de agua mientras paseamos la tonelada de libros y material escolar con las que nuestros hijos irán a clase. A la vuelta de la esquina está la vuelta al cole, y pese a que los escaparates que se empeñan en mostrarnos toda suerte de abrigos, bufandas y leotardos de colores, a todos lo que más nos apetece es volver a sacar del armario el bikini y, a ser posible, volver a coger las vacaciones, para disfrutarlas en una playa fresquita. Si es que quedan.