La deconstrucción del mar de Antón Sobral

Javier Benito
javier benito LALÍN / LA VOZ

LALÍN

Javier Benito

En Lalín se exhiben una treintena de sus obras que nos sumergen en su poética en torno al agua

25 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Dicen que muchos artistas pintan siempre el mismo cuadro. Reniego de esa visión simplista de la creación. Pueden existir semejanzas pero cada obra representa una singularidad que la hace única. Aunque sea una pincelada diferente, un trazo más subrayado, una tonalidad más acusada. A Antón Sobral (Marín, 1952) podemos acusarle de ser monotemático —con matices, con muchos matices— pero nunca de ceñirse a una misma visión del mar. En torno a ese espacio tan subyugante como aún inexplorado orbitan la mayoría de la treintena de obras de pintor marinense en las que podemos sumergirnos hasta el 28 de marzo en el museo municipal Ramón María Aller de Lalín.

Bajo el ilustrativo título de Antón Sobral, o silencio do mar ruge con fuerza una variada paleta de color donde las aguas o las líneas del horizonte pueden navegar por la línea cromática del azul o el gris, pero también por verdes o rojos eléctricos. Una paleta fría sobre un lienzo en ocasiones repleto de veladuras para introducirnos en un ambiente irreal, un descenso a un mundo abisal e inhóspito. La muestra lalinense bascula entre los años 90 y la actualidad, con especial protagonismo para sus series Océano Sobral, Maruxía y Xerfas. En su mayoría acrílicos sobre lienzo de un mar en ocasiones con un horizonte claro, en otras apenas entrevisto o incluso desaparecido entre un oleaje repleto de color, de energía.

Antón Sobral atesora cinco décadas de creatividad con un sello ya inconfundible, con un estilo tan definible que nos lleva a reconocer en apenas segundos una obra, aún a ojos de los menos avezados en ese proceloso océano del arte. Un lenguaje pictórico que evoluciona, pero con fidelidad a ese mar que le vio nacer, pero sin caer en una posible autocomplacencia o rutina que nos lleve a pensar en un creador multicopista. Avanza entre las tormentas propias y ajenas por un embarcadero firmemente asentado, en una constante exploración del sentido de la vida.

De Turner a Friedrich

Como destaca el comisario de la exposición, Antón Castro, su pintura bebe de forma directa de la concepción del paisaje como experiencia sublime. Un posicionamiento que le acerca a Turner o Caspar David Friedrich, donde el mundo natural supone una manifestación de lo espiritual, recogiendo Sobral esa tradición pero desde postulados actuales y desde una sensibilidad atlántica.

«Como Friedrich, concibe o horizonte como un lugar de encontro entre o humano e o absoluto; como Turner, emprega a luz como materia emocional, como forza que disolve as formas e abre o cadro á transparencia», remarca Antón Castro

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La depuración en su obra la convierten en un oasis visual, que invitan al reposo en este mundo alocado que nos toca vivir, bajo la tiranía del tiempo y el teléfono móvil. Invita a la introspección ante el ruido externo, a remar de la mano del artista por un mar en silencio e infinito, capaz de desvestir el alma y calmar nuestros miedos o inquietudes.

«O mar de Sobral nunca é o mesmo: ás veces é calma absoluta, outras é inquietude contida; nalgúns casos domina a luz, noutros a brétema; nalgúns o horizonte é nítido, noutros case se disolve», recalca el comisario de la muestra abierta en Lalín. Una meditación sobre la finitud humana pero desde un posicionamiento de oportunidad, de anhelo e ilusión, alejando del pesimismo o el desánimo. Sus lienzos nos comunican certidumbre y tranquilidad, en ese objetivo de encontrar un sentido a nuestras vidas, en una poética visual ajena a los vaivenes del mercado o las tendencias.

Si el mar copa la trayectoria artística de Antón Sobral como elemento estrella, en la capital de Deza encontramos dos óleos sobre lienzo del 2014 donde el protagonismo lo adquiere el cuerpo femenino. Eso sí, sin olvidarse las referencias marinas. No en vano se titulan A serea de Ancoranos, una figura que parece flotar sobre una superficie brumosa de fondo, que puede asemejar agua. El artista de Marín siempre invita a zambullirse en ese espacio para él tan simbólico, donde confluyen memoria e identidad. Lienzos que nos llevan a bucear en nuestros recuerdos, a revivir aquel primer baño, a las cosquillas de la arena en los pies.

Fotografías, incluso con textos poéticos sobrepuestos

Si los lienzos ejecutados con acrílico u óleo copan protagonismo en la exposición en el museo municipal lalinense, podemos acercarnos a otras líneas creativas de Antón Sobral con la fotografía como protagonista. Así destacan un par de paisajes efímeros, como él mismo los titula, de intenso movimiento con los elementos difuminados al jugar con la exposición y la luz al tomar la imagen. Se suman varias piezas de finales de los años 90 bajo el título A paisaxe núa, con un fondo fotográfico que esboza esa desnudez para situar por encima poemas grabados sobre una superficie translúcida. Suponen otra forma de acercarse al artista.