Maribel e Iñaki, el espíritu hospitalero que brilla en A Eirexe

J. B.

LALÍN

Miguel Souto

La pareja abre el comedor de su casa a los peregrinos en busca de descanso

22 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

A 14 kilómetros de Lalín y 69 de Santiago, como reza una placa sobre la fachada de la casa, acompañada de un QR para conocer servicios en esta ruta jacobea, hemos recalado en A Eirexe. Sobran dedos de las manos para contar los vecinos de esta aldea que refulge bajo tímidos rayos de sol invernal. Seguro que más de un peregrino o simple paseante por las tierras de Camba puso cara de perplejidad con los nichos que circundan parte de la iglesia, con la entrada a esas últimas moradas orientadas hacia la calle. Nombres e incluso rostros para ellos anónimos que recuerdan a quienes habitaron este lugar, al que su belleza natural fastidia una cantera próxima.

Pero volvemos a esas señales, a esa vivienda donde Maribel Porto e Iñaki Azpitarte representan ese espíritu hospitalero que define a muchas gentes por donde discurre el Camino. Decidían hace unos dos años que el comedor del bajo de su vivienda estuviese abierto a quien lo necesitase, con una máquina expendedora para tomar un café o alguna bebida, una mesa y unas sillas para comer algo o simplemente descansar, como en el banco instalado en el exterior y próximo a una fuente que puede abastecer, que ofrece la curiosidad de llevar grabado en la piedra el coste de su ejecución y quién financió este elemento patrimonial.

En este punto de atención al peregrino el libro de firmas nos lleva a países de todo el mundo. Con sello propio para la credencial, siempre están dispuestos a echar una mano. Como con aquel alemán que terminó por dormir en su garaje o el grupo de caminantes portugueses que convirtió por unas horas el comedor en una fiesta, con una comida seguida de canciones y chupitos.

«Todo o mundo marcha moi agradecido», resalta Maribel, que junto a Iñaki, ya son unos expertos en el manejo del traductor de Google para entenderse con los peregrinos de tierras lejanas. Suelen pasar en las primeras horas de la mañana, con A Eirexe situado más o menos en la mitad de una etapa entre Rodeiro y Lalín. Como resalta Daniel Antelo, ambos están pendientes de todos y ofreciendo apoyo anímico o una primera atención a quienes sufren alguna indisposición.

Mil y una anécdotas podríamos contar de esta experiencia vital de la pareja, como la invitación a subir a la cocina a tomar algo a falta de un bar o el grupo de scouts al que se preparó una chocolatada y durmieron en la aldea. Amistades que fraguan, como un madrileño que cada vez que hace un Camino por Galicia contacta con ellos.