Lalín, páramo festivo por la pandemia

Las restricciones por el incremento de casos dejaron a la capital dezana sin actos lúdicos, en un día grande de As Dores con calles cortadas casi vacías


lalín / la voz

Una de la tarde. Horario de multitudinario trasiego por las calles de Lalín en sus fiestas patronales de Nosa Señora das Dores. Ocurre todos los años. Esa afirmación ya es historia. El 2020 se convertía en un paréntesis, que todos esperan no se repita en el futuro. Hasta pocos días antes estuvo sobre la mesa del gobierno local organizar alguna actividad lúdica en estas jornadas. El incremento de casos y las restricciones marcadas por la Xunta desbarataron cualquier opción. Y ayer la capital dezana parecía un páramo al que el tiempo inestable tampoco contribuía a animar, con los cielos cubiertos y con lluvias en forma de tormenta.

El centro urbano se cortó al tráfico, incrementando incluso las calles respecto a años anteriores. El Concello buscaba crear un circuito por donde pasear a falta de conciertos, de actos culturales o lúdicos. Una medida que se mantendrá hoy y mañana, festivos locales en Lalín. Pero este domingo apenas se veía gente por la calle, algunos grupos en terrazas o bares con el vermú de mediodía. Incluso restaurantes emblemáticos decidían bajar la persiana en estas dos jornadas festivas ante la previsible falta de clientela. En las pastelerías apenas había cola cuando eran habituales otros años.

Durante estas atípicas As Dores el ojo se puso también desde el Concello en los horarios nocturnos de los locales de hostelería, con un refuerzo de la vigilancia de la Policía Local y mayor presencia también de la Guardia Civil. Hubo cumplimiento de los establecimientos aunque algunas voces apuntaban a que se produjeron ciertas concentraciones de personas o botellones ya avanzada la noche del sábado, una situación que también se buscaba evitar por las fuerzas de seguridad.

Los oficios religiosos se mantuvieron aunque con menor afluencia de fieles. En la misa solemne de las 12.30 horas había bastantes huecos en los bancos, lejos del aforo máximo de 175 personas. Entre los asistentes representantes del gobierno local y de la oposición, incluido el regidor, aunque este año se desestimó realizar la habitual ofrenda a la Virgen. Durante su homilía, el párroco Marcos Torres aludió a los efectos del iceberg del covid-19. Lamentó que el ser humano tienda a buscar la seguridad en lugar de explorar la felicidad. Antes de la despedida incluso agradeció la labor de los políticos locales en su gestión ante la pandemia.

Lalín intentará poner en estos días festivos restantes buena cara al mal tiempo, al del cielo y al del virus. Queda esperar que las comidas familiares típicas de estas fechas no generen nuevos brotes. Y que desciendan los casos activos. Más de uno se lo habrá pedido a Nosa Señora das Dores.

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