La última paquetería de Lalín

La incansable Odila Fernández Buján lleva 67 años al frente de su mercería en la capital de Deza; hace tiempo que superó la edad de retirarse pero pretende seguir hasta cumplir el siglo

o. p.
lalín / la voz

Si alguien teclea en Google paquetería y Lalín el buscador le devolverá numerosas empresas de transporte. Ni rastro de la Paquetería Mario, la que lleva ese nombre haciendo valer la acepción de la RAE: «Género menudo de comercio que se vende o guarda en paquetes». Y allí sigue al frente Rosa Obdulia Fernández Buján, conocida como Odila, quien a sus 86 años de edad sigue llevando la mercería que abrió hace casi siete décadas.

Originaria de Carballeda, tenía catorce años cuando decidió irse a Lalín para hacerse costurera. Aprendió junto a su tío, que tenía un taller con máquinas de costura y una decena de aprendices. Tras terminar su formación, abrió su tienda a los diecinueve años de edad, alquilando un local en el número 16 de la Rúa Principal. Poco después se casaría con Mario Pereira Souto, que le puso al negocio el nombre que aún conserva hoy, Paquetería Mario. Funcionaba como mercería, como una tienda «das de sempre». De esa época, en la que confeccionaban prendas de todo tipo por encargo, Odila recuerda que «cosía e cosía, día e noite, domingos e festivos se facía falta. Había semanas que só durmía dúas horas cada noite». Ya fuesen vestidos, chaquetas, abrigos, camisas o pantalones, de su mercería salió ropa que vistió a generaciones de lalinenses.

Cuando los Guerra compraron el local que ellos utilizaban, decidieron trasladarse y adquirir el suyo propio, que es el que ahora se encuentra en las galerías. Y, aunque ella había abierto la tienda, tuvo que relegarse a las labores de confección. «O meu marido non me quería no mostrador, así que eu só me dedicaba a coser», explica. Han pasado 23 años desde el fallecimiento de Mario, y aunque Odila ya llevaba tiempo encargándose de la tienda debido a la enfermedad de su marido, fue tras su defunción cuando decidió realizar algunos cambios: «El era agradable cos clientes, pero non se arriscaba. Así que cando morreu, merquei o local do lado e ampliei a tenda». Aunque en otros tiempos la costura fue su pasión, admite que desde hace unos años «xa non coso nin un botón», dedicándose ahora exclusivamente a la venta de ropa de otros comerciantes.

Hoy en día las ventas son mucho menores que «nas épocas boas», pero aún se van manteniendo. Odila recalca que cuenta con una serie de clientes fieles, muchos heredados a través de las décadas: «Os meus clientes son amigos; nalgúns casos comencei vendéndolles aos avós e agora veñen os netos». Tantos años de experiencia y dedicación fueron recompensados al recibir en 2014 el premio Maruja Gutiérrez, otorgado a mujeres empresarias; como curiosidad, llegó a confeccionar ropa para la propia maestra que da nombre a la distinción.

Abriendo de lunes a sábado, de 9.00 a 14.00 horas por la mañana y de 16.00 a 21.00 horas por la tarde, Odila pasa casi todo el día en la mercería. Para ella, trabajar es un auténtico placer. «Como non me vai gustar? Divírtome, paso o día, falo cos clientes, cos comerciantes ... Mantéñome ocupada e ademais é un traballo que dou feito, así que por que ía parar?». Y en sus ratos libres pasea, «porque hai que estar activa». Con el confinamiento se vio obligada a realizar un parón, aunque «como falaba cos veciños dende o balcón, aínda me entretiña».

Hace unos años declaró su intención de no jubilarse hasta que cumpliese los cien, y a día de hoy sigue manteniéndola con más convicción que nunca. Es especialmente curioso el hecho de que alguno de sus hijos ya está jubilado, a lo que ella responde entre risas diciendo que «debe ser que eu son máis pequena». Y es que está claro que a Odila le sobra la energía; para alcanzar los estantes más altos, continúa subiéndose a las escaleras sin ningún problema y ni siquiera le teme al coronavirus: «Medo non teño ningún, se chega, chegou». Por otro lado, parece ser que de momento no tiene ningún sucesor que quiera encargarse de la tienda en el futuro, pues «noutros locales e tendas son os fillos e os netos os que seguen, pero os meus dedicáronse a outras cousas, así que non creo que a colla ninguén». Sea como sea, promete que tanto a ella como a su paquetería aún le quedan «uns cantos anos de marcha».

Desde 1953

Dónde está

Galerías Pelayo, en la calle Principal de Lalín.

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