Las edificaciones promovidas por Eprovisa en su día no se libraron del vandalismo
08 dic 2019 . Actualizado a las 05:00 h.Con el paso del tiempo el deterioro en las construcciones que la crisis dejó sin acabar se hace cada vez más evidente. En muchas localidades forman ya casi parte del paisaje, pero a medida que pasan los años son cada vez más visibles las huellas de los daños, las pintadas y los destrozos de actos vandálicos que se ceban, sobre todo, con las construcciones más acabadas. El bloque de viviendas promovido en su día por Eprovisa Promotora Gallega situado en el número 11 de la rúa Álvaro Cunqueiro de Lalín luce un desnudo esqueleto de ladrillo. Una estructura que, con el tiempo, va cogiendo color a costa del agua que se va filtrando por efecto de la lluvia y la humedad de los últimos años. Y ya van unos cuantos.
Los cierres metálicos de malla que intentan impedir la entrada de los vándalos no quita que la estructura luzca teñida de color en algunas zonas con diversos grafitis más o menos vistosos que salpican no solo la planta baja, sino también las paredes de algunos de los pisos superiores.
Los desperfectos de la estructura a ojos vista contrasta con lo impoluto del asfalto del aparcamiento que tendrían a disposición los vecinos de la urbanización, en el caso de que estuviera terminada. Unas vallas impiden el paso a la zona de estacionamiento que cuenta con las plazas perfectamente pintadas en blanco inmaculado y sin huella.
Otra cosa es el estado de las que fueron en su día las oficinas de la promotora. El edificio está situado un poco más allá, en los aledaños de la rotonda con la rúa Areal y la carretera de Agolada. Alguno de los que entonces eran pequeños arbustos que adornaban la entrada son ya casi árboles por su tamaño.
La puerta está abierta y el interior tiene el aspecto de haber sido colonizado, al menos, en algunas ocasiones. Quizás sirvió de refugio a más de uno. Una pintada bautiza el interior como la sede de la hermandad del caseto. En uno de los primeros espacios de la entrada se encuentra un viejo colchón tirado en el suelo.
El deterioro de las oficinas es muy acusado. Hay algún cartel que anuncia el camino hacia el piso piloto y unas escaleras que finalmente no van a ninguna parte.
Con el paso del tiempo, y seguramente, a causa del abandono y la entrada de la humedad, las placas del falso techo se caen a pedazos. Muchas de ellas ya están rotas en el suelo, salpicado por doquier de trozos de escayolas.
El esqueleto del inmueble y las oficinas son propiedad de la Sareb (Sociedad de gestión de activos procedentes de la Reestructuración Bancaria». Desde la Sareb apuntaban estos días que todos sus activos se encuentran a la venta. A finales de agosto desde la sociedad se enviaba un escrito al Concello de Lalín interesándose por la situación de los edificios de su propiedad en la localidad.
En este caso, el paso del tiempo juega en contra de la recuperación de esta estructura y dificulta que pueda llegar a convertirse en el edificio de viviendas que estaba destinado a ser.
El Juzgado de lo Mercantil número 2 de Pontevedra dictó en mayo del 2013 el auto de declaración de concurso voluntario de acreedores de la firma Eprovisa Promotora Gallega con sede en la ciudad del Lérez. Fue la impulsora del SUE-4 y quedó sin realizar este bloque.