Rosalía Riádigos: «El regateo era habitual, pero los de las aldeas pagaban siempre al contado»

Trabajó con sus suegros en Calzados Nistal, amplió negocios y abrió dos librerías


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Compartir conversación y confidencias con Rosalía Riádigos Iglesias; «todos me conocen como Rosita de Nistal» apunta, es enormemente placentero. A sus 92 años; «casi 93 que yo nunca me comí un mes», con una lucidez envidiable nos permite bucear en la historia empresarial de Lalín en los años 50. Una época en la que pocas mujeres se atrevieron entonces a dar rienda suelta a sus inquietudes empresariales. Pero Rosalía Riádigos si fue una de ellas.

-¿En qué momento comenzó su carrera empresarial?

-Estudié en las Josefinas en Coruña y volví a Lalín, donde nací, en 1952 para casarme con Manuel Nistal. Mi marido era abogado y sus padres regentaban la zapatería Nistal, que estaba en la entonces calle General Franco. El establecimiento lo fundara Escobar (Calzados Escobar de Vigo) y mis suegros cogieran el traspaso en el año 33. Al contraer matrimonio con Manuel comencé a trabajar en el comercio y allí estuve hasta el año 1985.

-¿Qué tipo de artículos tenían a la venta?

-Eran zapatos de hombre, mujer y para niños. No cualquier tipo de calzado, de máxima calidad. Eran piezas de excelente piel procedentes de Elda, Toledo... Todo piel. No trabajábamos polipieles y esos plásticos baratos que quemaban los pies. Por ejemplo no comprábamos zapatos hechos en Zaragoza, por aquel entonces no eran de buena calidad. Nuestra clientela ya sabía que un par de zapatos o de botas en Nistal costaba algo más que en otro establecimiento pero era consciente de que la calidad era netamente superior.

-¿Cuánto costaba un par de zapatos en aquellos años?

-Mira el mejor par de zapatos que teníamos a la venta cuando me casé costaba 125 pesetas. (Risas). Recuerdo que eran unos zapatos de mujer.

-¿Se vendía bien?

-Bueno el regateo era habitual; alguno venía varias veces al día a la tienda regateando sobre todo los días de feria, hasta que al final decidía comprar, pero la gente que venía de las aldeas pagaba siempre al contado. No eran de dejar a deber. Tuvimos siempre una clientela de la aldea muy fiel y muy buena, también del casco urbano claro. En verano salía mucha de nuestra mercancía para Venezuela. Lo cierto es que fueron años muy buenos, con ventas muy interesantes.

-¿La variedad en cuanto a producto sería bastante escaso?

-Nada que ver con lo que puedes encontrar actualmente en una zapatería. Sin ir más lejos los colores eran los básicos: negro, blanco, marrón y azul. No había más colorido. Lo bueno es que si te quedaban de una temporada servían perfectamente para la siguiente (Risas). Los modelos eran los mismos, o si variaba algo era muy poco el cambio que no llegaba a apreciarse.

-Y en medio de la venta de zapatos apostó por el gremio de la papelería.

-Así fue. En Santiago de Compostela, en un economato, también tenía calzado de la misma calidad que el de Lalín y luego en el año 1968 abrí mi primera librería; Librería Talde, en la rúa Loriga y posteriormente en las galerías Colón. Lo cierto es que me gustaba más lo de librería que los zapatos (risas).

-Siempre activa.

-Tuve que serlo. Quedé viuda a los 59 años y con tres hijos que sacar adelante. Fui una mujer creo que luchadora y trabajadora en unos años en los que Lalín tenía establecimientos comerciales, sobre todo de confección, pero poca oferta por ejemplo en calzado y creo que supimos dar un servicio cercano y de calidad a mucha gente.

«Conservo calzado de hace treinta años. No es por ahorro, es por su comodidad»

De la excelente calidad de los calzados que se vendían en Nistal da cuenta Rosalía que atesora todavía un buen número de pares, que presurosa pasa a enseñar.

-Estos los llevé esta mañana (refiriéndose al pasado martes) y son de mi tiempo. Conservo unas sandalias que deben tener 30 años, y si vivo para el año que viene te aseguro que me las pondré otra vez. No es por ahorrar y no comprar otros pares de zapatos es por la comodidad y la calidad que tienen estos que guardo. Esto es un zapato de verdad y esta una sandalia de verdad. Nada de plásticos dañinos!

-¿Se fija en lo que se calza actualmente?

-Lo que veo no tiene nada que ver con lo de antes. Hoy hay tanta variedad y colorido... pero creo que no se apuesta tanto por la calidad. No quiero decir que no haya comercios en los que se venden zapatos buenos, pero pienso que se compran calidades inferiores.

-Sigue manteniendo mucha actividad a sus más de 90 años.

-Bueno sigo calcetando, haciendo puntillas, patucos para dormir,... Recientemente acabo de rematar unas piezas de calceta para un recién nacido, y además todos los días juego a las cartas con un grupo de amigas que pueden ser todas ellas mis hijas por las edades que tienen. Yo a mis 92 años y ellas con sesenta y pico, setenta, y setenta y pico.

-¿A qué juegan?

-A la brisca en la Cafetería Lalín, todos los días de 19.30 a 21.30 horas, y si llueve quedamos en mi casa. Si falta alguna pues juego yo por dos. Nos lo pasamos muy bien.

-¿Son de apostar algo o solamente jugar?

-No, aquí no se apuesta nada. Nos juntamos para divertirnos y para pasar un par de horas con las cartas. Aquí cada una paga su café y nada más.

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