La serena belleza de la Casa de Álvaro

Tras rechazarla el Concello, los dueños del edificio modernista en el corazón de Lalín la venden


Lalín / La Voz

Tiene más de un siglo pero su serena belleza no pasa desapercibida. Ni para los visitantes que detienen su mirada en la elegancia de las galerías, en la altura de los muros y en un jardín donde están a punto de brotar, azules y violetas, las hortensias que cada año asoman por las rejas. Sus propietarios ofrecieron al Concello de Lalín la posibilidad de negociar su adquisición. Después de que las conversaciones, que se prolongaron durante mucho tiempo, no fructificaran, ahora se pondrá a la venta.

La denominada Casa de Álvaro fue construida en 1913 por Álvaro Goyanes Crespo, abuelo materno de Álvaro Moure y María Natalia Moure Goyanes. Es una joya de estilo modernista de delicada factura. Una construcción singular que destaca como un faro en el Kilómetro Cero de Galicia. De la mano de Álvaro Moure nos adentramos en el interior para descubrir la calidez de las maderas nobles y la belleza de una escalera principesca.

La casa guarda intacto su encanto y la esencia del diseño original en el que destacan los grandes espacios como la gran sala iluminada por una gran galería con vistas al jardín. Los altos techos, las maderas nobles que enmarcan con exquisita finura las puertas. Los espacios holgados que van dando paso a las habitaciones, a coquetas salas donde al abrigo de los muros centenarios parece haberse detenido el tempo. Un paseo en el que Álvaro Moure va deteniéndose de cuando en vez para hilvanar recuerdos y a una le parece que, de pronto la casa vuelve a cobrar vida y sacude en el aire las risas alborotadas de años de vivencias.

Alguna fotografía encima de una mesa arranca de Álvaro de niño le arranca una sonrisa. Un baño vestido de blanco con esos azulejos con forma de ladrillo blanco que resistieron el paso del tiempo y continúan aún hoy en los catálogos de decoración.

La casa cuenta con dos plantas y una buhardilla amplia, acondicionada a posteriori donde hay espacio para una amplia sala y algunas pequeñas habitaciones.

En la planta de abajo, a un lado, un local comercial que fue chocolatería, una ferretería de Jacinto Goyanes primero y de los Santórum después y en el último medio siglo sede del Banco Pastor. A la derecha, un despacho, una cocina regia, el comedor de diario y el comedor nuevo y salida desde esta ala al jardín. El edificio cuenta con una especial protección otorgada por el PXOM. La casa cuenta con planta baja, primer piso y bajo cubierta, ocupando una superficie de 220 metros cuadrados. La finca posee un jardín anexo de alrededor de 200 metros cuadrados donde se ubica un cubierto de planta baja que en su día llegó a contar con una superficie de unos 75 metros cuadrados y que posteriormente fue reducida.

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