Una interpretación del templo de Palio

francisco rubia alejos LALÍN

LALÍN

El Agnus Dei protegía el templo lalinense del mal.
El Agnus Dei protegía el templo lalinense del mal. M. Alejos< / span>

Un bien patrimonial de gran relevancia en Deza, sin culto desde 1971

28 jun 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

La iglesia de Palio, enclavada en el lugar de Santabaia, ayuntamiento de Lalín, es una de las más importantes huellas de identidad de la desaparecida parroquia de Santa Eulalia de Palio. Un testimonio del que, además de ser considerado de gran valor histórico-artístico, podría añadirse: «En los monumentos hay que apreciar, además de su intrínseco valor artístico y de su importancia para el arqueólogo, una enorme fuerza evocatoria y sentimental» (Almagro San Martín). Este último aspecto sigue todavía latente entre los vecinos, después de que en 1971 don Manuel Alvaredo Tourón celebrase la última misa.

Ante la posibilidad de recuperación de este importante bien patrimonial dezano, quisiéramos aportar, como simbólico grano de arena a la singular obra, unas notas divulgativas para su historial y puesta en valor.

Cuatro capellanías en el XIX

Según la Memoria demostrativa de los Arciprestazgos de que se compone el Obispado de Lugo, escrita en el año 1858 por Luciano Sánchez Gil, esta iglesia, junto con la de San Esteban de Cadrón, eran anejas a la principal de San Juan de Rodís.

Siguiendo a este autor Santa Eulalia de Palio fue presentación de la dignidad episcopal de la Diócesis, alternativa con la Casa de Cangas, y la de los descendientes de la de Gil Arias. A mediados del siglo XIX tenía cuatro capellanías. Dos bajo la advocación de Ntra. Señora del Rosario, presentación de los herederos de Fernando Gil Arias, y las otras dos bajo Santa Catalina, presentación laical de los descendientes de Librada Suárez, vecina de Cercio y de los descendientes de Juan de la Torre, vecino también de Cercio.

Monumento modesto

Siguiendo al doctor Bango Torviso, el templo parece presentar dos fases constructivas. Una correspondiente al arco triunfal y posiblemente el presbiterio, y otra diferenciada que es la nave. La parte concerniente al arco triunfal podría pertenecer a un templo anterior.

La planta de la iglesia se halla ligeramente fuera de la orientación que marca el dogma, que señala tener la cabecera dirigida hacia Oriente, mirando a la salida del sol. Está compuesta de una nave rectangular unida a un ábside de menor anchura y de planta igualmente rectangular.

La cubrición, tanto de la nave como la del ábside, es de armadura de madera a dos aguas o vertientes, siendo la de la nave más elevada. La iglesia se halla en un recinto murado ocupado por un pequeño atrio con antiguo cementerio cuya última ocupación fue el 29-I-1884 con la sepultura de Ermitas Rodríguez Castro, vecina del lugar.

Primitivismo en el frontis

Lo más destacado exteriormente es la fachada principal, obra de sillería cuyo aspecto encierra un cierto primitivismo marcado por la mano constructora de canteros rurales. El paramento es liso, con manifiesta preponderancia del macizo sobre el vano. En la misma vertical se emplaza la puerta, ventana-tragaluz (algo desplazada del eje) y la espadaña.

La puerta central es visualmente alta y estrecha (91 x 246 centímetros), enrasada en el muro, con mochetas o ménsulas en nacela de diferente ornamentación, como sello distintivo del estilo románico. La izquierda con nervio central y bola, y la derecha de difícil lectura y mutilada. La figura del vano es la conocida por arco inflexo.

Las mochetas sustentan un tímpano liso de forma semicircular. En la parte central hay grabada una cruz que pasa casi desapercibida.

La ventana tragaluz, concebida para iluminar la tribuna y pies de la nave, es rústica y sencilla.

En el centro de la fachada está situada la espadaña, como prolongación de este muro.

Es de arco semicircular dentro de un hastial triangular, de una campana, fundida en 1835.

La especial particularidad del arco radica en no tener clave y estar compuesto por cuatro dovelas desajustadas, en lugar de ser su número impar, como sería lo ortodoxo.

En la cornisa se aprecia el desgaste producido por la reiterada fricción de la cadena de la campana contra la piedra, así que fue colocado el clásico grapón de separación.

La espadaña es obra de difícil datación. Según Bango Torviso no es románica, existiendo bajo su docta opinión solo tres románicas en esta provincia. Fontoira Surís sitúa su construcción tardía, del siglo XVIII.

Está coronada por una cruz de piedra paté o con los extremos ensanchados, modelo utilizado por los hispanovisigodos, que tuvo gran profusión en Asturias. En la intersección de los brazos tiene labrada a medio relieve un disco con radios en representación de la Sagrada Forma.

Fachadas laterales

Las fachadas laterales actualmente se hallan bastante alteradas con notorias grietas y revocos extemporáneos a la vista. Otras partes se hallan blanqueadas de cal.

La fachada Norte, que corresponde a la zona fría, tiene adosada la sacristía, de época muy posterior y desproporcionada en dimensiones. Por información oral desde este lugar se escuchaba misa debido al reducido aforo de la iglesia. Actualmente se encuentra con parte de la techumbre arruinada, conservando el remate cumial de piedra.

En la fachada orientada al mediodía hay una puerta traviesa (60 x 168 cm.). No es de traza moderna como erróneamente fue catalogada. Las jambas sostienen un tímpano semicircular, que es visible solo por el interior, al igual que arco de medio punto abierto en el espesor del muro, con el que se halla coronado el vano. Su traza guarda riguroso paralelismo constructivo con la puerta principal.

Coronan estos muros de la nave una cornisa simple, coloquialmente llamada sopena.

El Cordero de Dios

El ábside es muy reducido, con muro testero de piñón. En el ápice debió tener una cruz cumial o antefija a juzgar por la existencia del cordero esculpido en piedra que le serviría de base, en representación del Agnus Dei o Cordero de Dios, conservándose en este caso solo el arcaico cuerpo del animal, sobre cuyo lomo estaría asentada la cruz. Su iconográfica nos muestra la visión apocalíptica del Cordero triunfante portador de la cruz. El cordero es uno de los símbolos principales y más antiguos del cristianismo. Representa la inocencia del Redentor, la pureza y la mansedumbre.

Se solía situar en el piñón del ábside y sobre el muro testero de la nave, para proteger el templo del Señor contra los peligros del mal. El de la iglesia de Palio se muestra con encorvados cuernos de animal adulto, perfilándose la boca y tenuemente los ojos.

Francisco Rubia Alejos es historiador e investigador de Lalín

un bien a recuperar

Parquedad de elementos referenciales

En el centro del muro del ábside, que es de sillería y totalmente liso, se distingue una zona con argamasa donde debió estar la ventana- saetera que contribuía a iluminar el presbiterio antes de que fuera instalado el retablo. Presumiblemente debiera tener derrame o abocinamiento interior para difundir la luz, y en el caso de atesorar decoración resultaría de gran interés para poder precisar la datación de la iglesia, que por escasez de elementos referenciales plantea serios problemas de cronología. El muro piñón se cubre con tapas hábilmente labradas con ensambles a media piedra para evitar filtraciones de agua.

Canecillos románicos

En el corto muro lateral norte del ábside se encuentra aislado el único canecillo zoomorfo que conserva el templo y que representa en nuestra opinión una lechuza. La imagen del ave está pensada para ser vista de frente y encierra una belleza dentro del diseño medieval que la sitúa muy alta en el bestiario. El significado de la lechuza es múltiple y casi coincidente con la del búho, como aves de la noche que temen la luz. En la antigüedad simbolizó el conocimiento racional. También la prudencia y la sabiduría. Aunque hubo quien quiso ver en la lechuza malos presagios y al Príncipe de las Tinieblas, Satán.

El alzado Sur del ábside conserva una pequeña parte del alero primitivo compuesto de cobijas en chaflán recto y una pequeña colección de cinco canecillos de diferentes figuras geométricas y tamaño. Hay dos sencillos en forma de proa, y los restantes con concavidad central, de bola y con bocel. Los canecillos representan el lejano recuerdo de las cabezas de las vigas que sobresalían bajo el tejaroz de las construcciones hechas en madera, que darían paso al cornisamento de los edificios clásicos de piedra.

Captación de luz natural

Bajo esta cornisa se abre una estrecha saetera con amplio derrame exterior para mejorar la captación de luz natural.

Debido a las alteraciones sufridas, el exterior de la iglesia carece prácticamente de motivos ornamentales, por lo que su imagen denota austeridad por los cuatro lados.