Un grupo de vecinos recreó por décimo año las batallas juveniles de los sesenta
19 ago 2013 . Actualizado a las 07:00 h.Hay quien no sirve para perdedor y propicia historias de resistencia. Donramiro, una parroquia de Lalín que el casco urbano de la capital tiene casi engullida, mantiene memoria viva en Jose Carlos García Vázquez. Estos días se viste de romano y se enfrenta a otros contendientes con el papel de bárbaros visigodos. Son vecinos que mantiene una tradición, con más o menos reparto, según que año (en una ocasión se sumaron bárbaros de Catoira), pero siempre poniendo máximo ardor guerrero a los combates para defender o atacar escenarios de la parroquia que año tras año quedan en simbólica posesión del vencedor. Y quedan también los vencidos penando la ironía ajena durante todo el año, restregándole la derrota en el día a día. «E todo ese vacilar é máis duro que o combate», dice García.
Los reencontros históricos, como denominan el evento, recuperan la historia de las luchas de bárbaros y romanos que los jóvenes de Donramiro mantenían «despois de sacar as vacas a pacer», a finales de los años cincuenta y los primeros sesenta. «Logo marchei para o servicio e suspendeuse. Tamén había combates cos de Lalín, que eran os cartaxineses», recuerda Garcia, que apunta nombres de guerreros de Lalín con denominaciones de legendarios cartagineses, Aníbal y Asdrúbal. Donramiro recuperó aquellos encuentros en el 2004 y estos días cumple décimo aniversario.
José Carlos García es Marco Aurelio. El sábado ganó su combate a Teudiselo (Antonio García) y mantuvo en poder romano Pena de Caldalama. Ayer Marco Aurelio ganó también el combate de Ponte da Tosta contra el bárbaro Teudis (Rubén Varela). Pero poco pudo hacer para defender las Chousas Vellas. En ese combate además de a Teudis tenía enfrente a Bamba (Rubén Couto). «Mentras combatía con Teudis veu Bamba e chuzoume por detrás, sin opción a usalo escudo», lamenta, y critica las artes dudosas, el vencido Marco Aurelio.
No combatieron en el Muro da Costa. «Teño 66,5 anos e xa me chegaba, ademais botouse a hora de xantar» y allí en el monte confraternizaron los vecinos. Un año más, Donramiro vivió una historia de resistencia de la tradición. Para afianzar más el evento, anuncian entrenamientos a lo largo del año. En Donramiro puede haber vencidos pero nunca perdedores.