En el Embutidos Lalinense no entienden de victorias plácidas. Lo que ayer se antojaba un paseo marcial, acabó convirtiéndose en un partido trabajado y que exigió tirar de oficio. La victoria del cuadro rojinegro sobre el Lavadores fue en dos tiempos, ya que en la primera mitad la superioridad local resultó aplastante hasta el punto de ir al descanso con 7 goles de diferencia, sin embargo, tres minutos y medio aciagos en el arranque del segundo acto fueron suficientes para meter al rival en el partido y el miedo en el cuerpo a los locales.
El choque dejó dos puntos y un buen puñado de anécdotas, pero, sobre todo, dos imágenes del mismo Lalín. En la primera parte los rojinegros mostraron una defensa entonada y que se atragantó al Lavadores. Los vigueses tampoco tuvieron el día y en los primeros 30 minutos estuvieron fallones y regalando balones al cuadro local. El equipo de Alfredo Fernández intentó poner en práctica las máximas de juego colectivo y búsqueda de la mejor opción de tiro, y eso se tradujo en ataques pausados y largos que dieron sus frutos. Mientras, el Lavadores buscaba sus goles en contras e intentaba dar con la tecla perfecta para detener el ataque lalinense. Los locales ya se veían ganadores, incurriendo en algunas florituras innecesarias. La última jugada de la primera mitad, con el tiempo agotado, tuvo a Pincho como protagonista al efectuar un lanzamiento con toda la barrera rival enfrente, colando el esférico por el segundo palo. El golazo y la ovación de la grada ponían el 18-11.
Arranque nefasto
De nefasto se puede calificar el arranque del segundo tiempo, puesto que los locales salieron creyéndose ganadores, y el Lavadores apostando por agotar hasta el último cartucho. En apenas tres minutos y medio el marcador se recortó hasta un 18-15 que obligó a Alfredo a pedir un tiempo muerto urgente para detener la sangría. La cara del partido cambiaba radicalmente, y había que apretar. El Lalín estaba fallón, la fiabilidad en los pases había desaparecido, Roberto Granja ya tenía dos exclusiones, y por encima, Gustavo se lesionaba en una jugada de ataque, siendo Pincho el encargado de sacarlo de la pista en brazos. Ahí arrancaba un partido de toma y daca con el Lavadores recortando distancias hasta dos goles ayudado por la mixta sobre Pincho que se atragantó a los rojinegros. A pesar de todo, el jugador rojinegro logró salir al rescate del Lalín con sus goles.
Aunque el Lavadores no consiguió nunca recortar a más de dos goles, el Lalín tuvo que afanarse y pelear cada balón. La entrada de Pablo bajo los palos en los últimos diez minutos estuvo acompañada de varias paradas fundamentales para la ventaja de los rojinegros, que desperdiciaron ocasiones de gol. Con el 33-29 y el tiempo cumplido, el meta detuvo un penalti.
Los árbitros
Las decisiones arbitrales a la hora de decretar exclusiones no fueron niveladas, y en la grada rojinegra se reclamó por varias acciones sobre Marco.
Tanteador cada 5 minutos: 4-3, 7-4, 10-5, 13-6, 16-8-18-11 (descanso); 19-15, 21-17, 23-20, 27-23, 30-26, 33-29 (final).
Árbitros y exclusiones: Lucas Crespo y Pablo Álvarez; excluyeron a los locales Roberto Granja (2), Pincho, Canario y Roberto Álvarez, y a los visitantes José Ramón y Tiago.
Incidencias: Unos 250 espectadores presenciaron el partido en el Lalín Arena.
Durán, Ramón (1), Marco (4), Roberto Granja (4), Bruno (4), Pincho (13, 4 de p), Gustavo (2) -siete inicial- Pablo, Canario (1), Roberto Álvarez (4), Adrián, Brais, José, Losón
Daniel, Fernando (1), Celso, José Ramón (8, 2 de p), Edgar, Gil (6), Tiago (7) -siete inicial- Mario (4), Joaquín, Nicolás, Óscar, Marcos (1), Buxo, Rubén (2)