Los vigilantes del monte dezano

Rocío Perez Ramos
Rocío Ramos LALÍN / LA VOZ

LALÍN

Un grupo de voluntarios de Agolada patrullan para evitar el fuego

31 jul 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

crónica los vecinos, en lucha contra los incendios forestales

Son un grupo de hombres y mujeres de distintas edades y profesiones y residentes en el rural de la comarca pontevedresa de Deza. Los une la misma pasión: la naturaleza, y un objetivo: evitar que el fuego destruya los montes. Todo empezó en el 2004, cuando una oleada de incendios causó graves daños en el Sobreiral do Arnego, un espacio natural que tiene su corazón en el municipio de Agolada pero que abarca también territorio de Lalín y Vila de Cruces. Al pie del sobreiral, en Brántega, viven los artífices de esta pionera brigada de voluntarios. Juntos crearon la asociación ecologista Naturviva. Juan José López Pallares, presidente del colectivo, explica: «Démonos conta de que os medios que había non eran suficientes e que había que facer algo». Ese algo fue la vigilancia con la que los voluntarios pretenden hacerse «visibles e lograr que os pirómanos se corten á hora de prender lume», explica.

La agrupación arrancó aquel año con ocho miembros y este verano son una veintena los que patean las veinticuatro horas los montes por turnos y en parejas. Desde entonces, apuntan, «o sobreiral mantívose a salvo, excepto un pequeno incendio un ano». Pero no lo quieren decir muy alto, porque «este verán está habendo alguén que prende lume na zona das parroquias de Berredo, Borraxeiros e Eidián e parece que está xogando con nós».

Desde el 2008 Naturviva forma parte de un pequeño club de agrupaciones vecinales de vigilancia forestal dispersas por toda Galicia. Su misión es, básicamente, prestar labores de auxilio. Su profundo conocimiento de la zona los convierte en cicerones. Llevan a las brigadas a los focos del incendio, a los depósitos de agua, las orientan en medio de un laberinto de pistas rurales. No apagan fuegos a no ser que sea un conato pequeño, y llevan muchos sofocados. Este año empezaron a vigilar en marzo. Medio Rural les suministra chalecos, prismáticos y batelumes, y un vecino les presta una cisterna para cargar agua. Juan José, Isabel Sobrado, David Vilar, David y Benedicto Pampín, Bruno Chorén, el francés Jean Lois, Gonzalo, Elsa, Tania, Gonzalo, Alejandro, Vanesa, Eva o Álex son algunos de estos voluntarios que con sus cuatro coches particulares, que meten por corredoiras imposibles, vigilan el monte en coche, a pie o en bicicleta.

Entre ellos hay masajistas, camareros, pasteleros, mecánicos y estudiantes. El mayor es Antonio, con 56 años, y el más pequeño Adrián, de 3, sobrino de Juan José, que ya colabora.

Creen que «a única solución para acabar cos lumes é a xestión dos montes e sacarlles proveito». Cuando empezaron, algunos de sus vecinos los tomaban por locos. Hoy, dicen, «xa se van dando conta de que o monte é importante».