AL TRASLUZ | O |
08 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.DESDE QUE LAS pesetas nos abandonaron y comenzaron los euros pasé una gran etapa sin mirar los precios en las distintas gasolineras. Mejor dicho, si los miraba pero no me servía para nada. Como si los céntimos no quedasen guardados en mi memoria para poder recordarlos unos kilómetros más adelante para compararlos en la siguiente estación de servicio. Imposible. Y reconozco que lo intentaba. Sin embargo, ahora ya soy capaz de acordarme. La subida del combustible ha vuelvo a agudizar mi memoria en cuanto a los precios. No es que un céntimo de diferencia en un depósito sea al final mucho pero dado lo que cuesta llenarlo, ya casi parece abismal. Y sobre todo está la barrera del euro. La gasolina sin plomo ya hace tiempo que la sobrepasó pero ahora el gasóleo está justo en el límite. En otros puntos de Galicia ya la han alcanzado pero en la zona, por suerte, se pueden encontrar algunas que siguen manteniendo el precio por debajo de esa cantidad. Nuestros bolsillos se lo agradecen, sobre todo porque hay pocas alternativas para desplazarse a trabajar a otro punto sin tomar el coche propio. Está claro que estamos muy mal acostumbrados y hasta para desplazarnos trescientos metros a realizar una compra lo cogemos. Pero también lo es que carecemos de un servicio público que nos permita dejarlo en el garaje en caso de ir a trabajar. Pongamos el caso que vivimos en Lalín o Silleda y nuestro puesto de trabajo está en el polígono industrial. ¿Qué hacemos? Coger el coche. No hay otra alternativa de no ser ir andando y eso, en ocasiones, por el tiempo que hay para comer o por las condiciones meteorológicas resulta casi imposible. Así que no queda más remedio que en nuestro presupuesto mensual echar un billete de diez euros más para hacer los mismos desplazamientos que realizábamos hace un año. Y ya les digo, a seguir mirando y cada vez más los carteles de los precios.