Reportaje | Los controles de calidad de Lacoste en Galicia Las firmas gallegas Montoto, Iván y Jealfer fabrican el 80% de las prendas de punto tricot de Lacoste. La marca evita la venta pirata racionando el envío de insignias
21 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.Tres empresas textiles gallegas monopolizan la producción de las prendas de punto tricot y cotton que Lacoste distribuye en el mercado español. Las lalinenses Montoto y Géneros de Punto Iván fabrican el 60% del género, mientras que la boirense Jealfer se encarga de otro 20%. El resto se fabrica en Cataluña, que hasta hace muy poco -hasta que una de las factoría proveedoras se declaró en quiebra- era la principal proveedora de la marca. El contrato empresarial con Lacoste ha supuesto para el conjunto de las tres firmas gallegas un incremento aproximado de la facturación de 11 millones de euros al año. Sin embargo, no todo son ingresos. Para hacerse con la producción española de la multinacional francesa, las fábricas gallegas han tenido que superar un riguroso proceso de selección. Además, se ven obligadas a someterse a controles periódicos de calidad muy estrictos. La mayoría de los consumidores se preguntan en qué se distinguen un jersey o una chaqueta fabricados en Lalín para la marca Lacoste de otros que la misma factoría pueda comercializar por su cuenta. La multinacional centra todos sus esfuerzos en conseguir que las prendas no sólo se diferencien en el precio. Para empezar están las materias primas. Según explica José Ramón Vilar, director de Producción de Lacoste España, la firma indica a sus fabricantes qué tipo concreto de hilo debe utilizar, de qué color y grosor y dónde lo puede adquirir. Todo ello es secreto industrial. Como también lo es el patronaje para cada modelo y el sistema de fabricación. Si no lo fuese, cualquier planta de punto con la maquinaria precisa podría producir artículos idénticos a los de Lacoste y comercializarlos a bajo precio. La calidad es otra de las grandes batallas de Lacoste. El cliente puede considerar que las prendas son caras, pero no puede decir que sean de mala calidad. La fama no se la han ganado por las buenas. Cuando una nueva firma empieza a trabajar para Lacoste, el equipo de calidad de la multinacional se desplaza a la fábrica para enseñar a los trabajadores el proceso de trabajo y el acabado correcto de las prendas. Después, la producción se vigila de cerca. Lacoste promueve auditorías cada quince días para verificar que las normas de calidad se están cumpliendo. Los inspectores se trasladan a la fábrica y revisan el proceso de fabricación y el producto final para comprobar si cumple los estándares de calidad. Sin embargo, aún teniendo en cuenta la calidad de las materias primas y el cuidado en el proceso de fabricación, hay una distancia más que evidente entre el coste de producción de un jersey y su precio de venta en el mercado. Nadie quiere hablar de cifras, pero está claro que la marca se paga. Y el márketing. La pregunta es inevitable: ¿Y si los fabricantes se arriesgasen a comercializar paralelamente algunas prendas Lacoste? Podrían venderlas más baratas y obtener beneficios suficientes. Es ahí dónde entran en juego los apreciados cocodrilos. Lacoste raciona los envíos de material logotipado a sus fabricantes. Las insignias de los reptiles, los botones, las bolsas y las etiquetas con el emblema de la marca se envían exactamente en el mismo número que los jerseys que luego se recogen para su comercialización en el mercado. Lacoste lleva un estricto control de estos números y los fabricantes tienen que preocuparse de hacer cuadrar las cifras. Para alejar la inevitable tentación y asegurarse de que ningún lagarto acaba pegado al pecho de un polo del mercadillo, los reptiles se guardan en las fábricas bajo llave. Sólo el personal de confianza tiene acceso a la caja fuerte.