TESTIGO DIRECTO
01 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.L agente Codeseira fue uno de los dos policías locales de Lalín que intentaron rescatar a Sebastián B. G. «Cuando llegamos al lago, el chico empezaba a hundirse y sus compañeros estaban histéricos. Nos quitamos la ropa y nos tiramos al agua sin dudarlo. Otros dos jóvenes se tiraron al mismo tiempo». A pesar de la rapidez con la que actuaron, todo fue inútil. «Cuando llegamos al centro del estanque, el chico ya se había hundido. Es un lugar muy peligroso, por la acumulación de limo. Intentamos una inmersión a ciegas, pero entre la oscuridad y la nula visibilidad del agua no veíamos nada. Aún me pican los ojos», explica Codeseira. «Fue una situación de enorme tensión. Intentamos sacarlo por todos los medios, pero fue inútil. Quién sabe, quizás, si hubiéramos llegado unos segundos antes, hubiéramos podido hacer algo más. Hicimos lo que pudimos, pero siempre llevaremos dentro esa sensación de impotencia», relata con amargura. Todo por una imprudencia Cuando comprobaron que no encontraban a Sebastián, Codeseira salió del agua y dio aviso al 112 de emergencias. «Hubo un momento en el que temí por la vida de los otros dos chicos, que estaban en el agua chillando», asegura el policía. «No es la primera vez que por intentar salvar a uno mueren otros dos. La verdad es que ha sido una auténtica tragedia. Y todo por una imprudencia», añade.