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La Voz

DOZÓN

20 abr 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Los espíritus que forman el mundo de la mitología popular de la comarca nacen de la leyenda según la cual cuando los ángeles rebeldes fueron expulsados del Cielo, la Virgen intercedió por los que ya iban camino de ser sepultados en las profundidades del infierno. En la caída quedaron suspendidos en la tierra, en el aire y en las aguas, donde siguen vagando invisibles a los ojos humanos. Como el aliento es la vida, en el momento de la muerte de una persona debían cubrirse los espejos de la casa para que el aliento no quedase pegado y el difunto no vagase para siempre. Las almas de los muertos, las ánimas, pueden aparecer de noche. En Dozón cuentan que cuando aparecía un muerto se presentaba por delante tal como era vivo pero por detrás daba miedo porque aparecía «de muerto». Por las ánimas en pena se deben pagar misas y dar limosna, para lo cual en todas las iglesias y en algunos caminos existen los petos de ánimas. La Santa Compaña Se dice que algunas personas tienen la facultad de advertir la muerte de un vecino, facultad que poseen aquellos cuyos padrinos se equivocaron al rezar el credo durante el bautizo, y por eso ven de noche la Luciña y la Santa Compaña. La aparición de una luz en la noche, la Luciña, representa un alma en pena. La procesión de ánimas en pena es la Santa Compaña, que anda por los caminos y acostumbra a obligar a quien se encuentra en su trayecto a acompañarla portando la cruz. Los espíritus de los muertos revisten múltiples apariencias. A veces son serpientes o mariposas, blancas, si han recibido el perdón de sus pecados; negras, si aún viven en penitencia. Otra es la abeja: «Mataches unha abella, tés setes anos de penitencia». Por la noche no se barre el fuego de la lareira porque en la oscuridad acuden las almas de los muertos a calentarse. Además, los ruidos misteriosos que produce la polilla en los muebles, la madera reseca, las juntas de las vigas, son voces de almas de muertos.