José Luis Abeledo «Bibí» elabora piezas abstractas muy visuales a partir de material en desuso
06 mar 2024 . Actualizado a las 05:00 h.Casi cinco lustros pasaron desde aquel 1999 en Lugo, en la desaparecida galería Bacabú de la Praza do Campo, donde mostró por primera vez sus obras. José Luis Abeledo Vázquez Bibí (Bermés-Lalín, 1957) tomaba el relevo de otro gran artista dezano y amigo, Antonio Taboada Ferradás Wily. Aún recuerda con cariño aquella sala, ubicada en la primera planta del edificio, y como su colega —quizás para hacerle en realidad un regalo encubierto o porque realmente no se encontraba con ánimos para hacerlo él— le dijo al desmontar su muestra que se quedase con una escultura en piedra allí exhibida, que pesaba bastantes kilos. Hoy luce en uno de los rincones de ese templo del arte en que Bibí y su pareja, Emilia Faílde Granja Mili, han convertido la Cafetería de Mili en Lalín.
El pasado año resultó muy prolífico en cuanto a exposiciones para Bibí, con muchas ya en el zurrón desde aquel lejano 1999 en Lugo. Aunque para el artista la primera clave en su ya dilatada trayectoria se producía en el 2003 en el Copacabana de Lalín. Una muestra con azulejos intervenidos con dibujos de figuras geométricas. De formación autodidacta, recaló en la hostelería hace unos nueve años tras dedicarse a labores de gestión catastral.
Siempre le gustó lo antiguo y durante su estancia en Lugo ya acudía a rastros en busca de piezas para restaurar. En las casas de la familia también encontraba objetos a los que darles nueva vida. Pero se adentró en un primer momento en la pintura. «Era moi malo», reconoce con una sonrisa. Eso sí, tenía amigos de corazón que prefirieron mentirle, afirma, diciéndole que lo hacía bien y le animaron a seguir.
Tras esa incursión pictórica comenzó a derivar hacia el uso de materiales de deshecho u olvidados por la pérdida de su función primigenia. El primer recurso que cayó en sus manos fueron los azulejos de la casa de su madre en O Rodo (Lalín), con motivo de unas obras de reforma. Grabó sobre ellos figuras geométricas con pintura plana para convertirlos en obras de arte.
La madera, hierros de antiguos arados o gradas, de ruedas, piedras, cerámica, pizarra,... que perdieron su razón de ser utilitaria cobran nueva vida en las manos de Bibí. Detrás de esas piezas hay carga sentimental porque vive su personal síndrome de Diógenes, en su vertiente positiva, ya que el material que acumula se transforma en esculturas donde prima la composición y sutileza de las formas, de la capacidad para interrelacionar elementos dispares para ofrecer un impacto visual coherente.
Bibí reconoce que su trabajo en la cafetería le resta tiempo para crear, para ser constante, aunque arranca algunas horas cuando los días se estiran y sol luce hasta más tarde, así como en fines de semana o el verano, para dar rienda suelta a su imaginación en el taller de O Rodo. Allí le llega la inspiración que traslada al papel, con bocetos y dibujos previos que «a veces penso que son xeniais e despois, ao facer a escultura, sae algo totalmente contrario ao obxectivo inicial». Además suma su faceta de cartelista, donde parte de la escultura para después fotografiarla y convertirla en el reclamo por ejemplo de la feria de A Gouxa.
Una particular «Olivia»
El artista lalinense remarca que detrás de sus creaciones no debemos buscar un mensaje crítico, filosófico o subliminal. Salvo en alguna pieza y de forma velada, su principal inquietud radica en lograr que sean visualmente muy estéticas. Composiciones abstractas en su mayoría, con alguna incursión más figurativa como Olivia. Así bautizó una de las esculturas que cuelga en el Café de Mili. Ensamblaje de maderas en una recreación femenina donde el moño pensado acabó en otra cosa y con un aire a la novia de Popeye, cuyo nombre le sirvió para bautizar la pieza. Y a otro artista lalinense, Antón Iglesias, para interpretarla en pintura y lucir en las puertas de acceso a los baños, también en versión «masculinizada». La técnica, a modo de puzle, la contempló en Meaño al acudir allí por su anterior profesión y en el consistorio vio una obra de Francisco Pazos con tablas unidas.
Sus esculturas, habitualmente de pequeño y mediano formato con alguna excepción como una bailarina de dos metros de alto, pudieron verse en el 2023 en Ferrol, en el café Macondo de A Coruña, en Monterrei, en Rábade, Chantada o Lalín, de forma individual o junto al pintor Carlos Santos. En colectivas participa en muestras como Emporcarte en la capital dezana, entre otras muchas desde hace más de dos décadas. Bibí participó en la Bienal Pintor Laxeiro y sus esculturas viajaron por toda la geografía gallega. Como él mismo reconoce, le queda poner una pica en Vigo y Santiago. Pero seguro que más pronto que tarde lo conseguirá.
Un templo sin credo para todo tipo de creadores
El Café de Mili abría sus puertas en una céntrica calle de Lalín hace doce años. ¿Cuándo se convirtió en una galería de arte diferente y punto de encuentro cultural? Bibí recuerda que en junio del 2012 dos de los promotores del Foro para Cultivos Culturais (Focucu), Celso Fernández Sanmartín y Benxamín Otero, presentaban allí un espectáculo y le animaron a seguir por esa senda. En ella surgió el arte, al fin y al cabo es una de sus pasiones. Primero bajo los cristales protectores de las mesas, porque les daba pena agujerear las paredes tan blancas y limpias, comenta entre risas. Después evolucionaría hacia una exposición permanente de obras, junto con otras temporales.
Hasta los cubitos donde tirar por ejemplo el sobre del azucarillo ya vacío están decorados. Cualquiera que lo pida puede exponer, sin ninguna cortapisa, desde pintura a fotografía, escultura,.... De forma permanente se pueden admirar media docena de esculturas de Wily, principalmente maderas, con quien mantuvo una gran amistad, como su mujer también con Laxeiro.
Dibujos dedicados, un retrato del también artista Paío obra de Carlos Santos, figuran entre los fijos en las paredes. También sus esculturas y en estos momentos dos lienzos de Nicolás González Aller, en una zona rotatoria donde en breve estará Armindo Salgueiro. La muestra temporal actual tiene como protagonista los acrílicos de Estela Quintas. Un punto de visita casi obligada para quienes gusten de un buen café y del arte en múltiples técnicas y estilos.