Junto a otros siete compañeros cede parte de su tiempo en colaborar con los demás
28 sep 2019 . Actualizado a las 05:00 h.La Consellería de Política Social, a través de la Dirección Xeral de Xuventude, Participación e Voluntariado, puso en funcionamiento este año el Programa de Voluntariado Sénior; abierto a concellos y asociaciones, para impulsar la participación de las personas mayores de 55 años en tareas solidarias a favor de su comunidad. Un programa que se desarrolla en Lalín, merced a una subvención de la Xunta, que conllevó la incorporación de un equipo de ocho voluntarios sénior al Desván Municipal. Margarita Brey Uribe es una de las voluntarias sénior que, junto a María, Carmen alias «China», Vicente, Santa, Yudy, Sergio y Carmen Lareo, cede una parte de su tiempo a echar una mano en el desván lalinense.
-¿Cómo entra a colaborar en esta iniciativa solidaria?
-En el Concello fue donde supe de la existencia del desván y me pareció interesante venir y poder ayudar a los demás. Es un sitio en el que hablas con mucha gente, vas conociendo a muchas personas, ellas te conocen, te relacionas; y ejercer el voluntariado, como hacemos nosotros aquí, creo que es una manera de ser útil y servir de puente de ayuda. Necesidades siempre hay, en cualquier sitio, y si puedes ayudar a los demás es muy gratificante.
-¿Cuál es su cometido exactamente?
-Nos encargamos de calificar y ordenar toda la ropa que llega al desván. Hay quien nos la entrega directamente y quien opta por depositarla en el contenedor rojo que está justo delante de las instalaciones (Rúa Memorias dun Neno Labrego, frente al colegio Xesús Golmar). Ahora mismo nos pillas en pleno cambio de temporada (risas). Como ves tenemos clasificada la ropa de invierno en una parte del local y la de verano en el otro; una de las novedades y mejoras que se realizaron es que ya no es preciso guardar una temporada para desembalar otra. Todo está ordenado por tallas y encuentras un poco de todo: desde calcetines y ropa interior hasta cazadoras, pasando por pantalones, chaquetas, zapatos, botas e incluso nos entregan cinturones y collares. Recientemente nos donaron un crucifijo!
-¿Quiénes pueden recibir las donaciones?
-El desván está para dar respuesta a las necesidades de aquellos usuarios derivados de Servicios Sociales, y cada jueves se atienden a siete unidades familiares. Ahora que somos más voluntarios posiblemente se incremente el servicio y se pueda atender a las familias también los miércoles. Nosotros estamos oficialmente hasta el 31 de octubre, pero creo que muchos seguiremos después colaborando con el desván.
-¿Qué centra la demanda de los usuarios?
-Piden y necesitan de todo; sobre todo aquellas familias retornadas de Venezuela que, en muchos casos, llegan solamente con lo puesto. Las musulmanas nos demandan siempre túnicas muy largas, y después en general siempre hay mucha petición de utensilios de menaje de cocina: sartenes, ollas... Los pisos que se vienen alquilando en el pueblo están cada vez más vacíos en lo que se refiere a muebles y utensilios por lo que las demandas de necesidades son amplísimas.
-¿De qué carecen entonces ahora mismo en el desván?
-Se necesitan alfombras, sábanas, toallas y mantas que siempre tienen mucha demanda, y más ahora que pronto llegará el frío, además de todo tipo de pequeños electrodomésticos, utensilios para la cocina; que también recogemos, y ropa en general de todas las tallas ya que tenemos usuarios de todas las edades.
«Comenzar de cero con casi 60 años y en otro país es un golpe enorme que te sacude entera»
Entrar en el Desván Municipal de Lalín es adentrarse en un ambiente cómodo y multicultural integrado por voluntarios naturales de Polonia, Alemania, Paraguay, Venezuela y Galicia que se afanaban el pasado jueves en colocar con precisión y mucho orden cientos de prendas perfectamente dobladas que irán a parar a aquellos que más las necesitan. Ambiente relajado y familiar; «llegas aquí y ya no te duele la cabeza»; dice una de las voluntarias con una amplia sonrisa, a lo que asiente Margarita y los demás compañeros.
-Dejó Venezuela y lleva en Lalín casi un año. ¿Cómo está siendo esta nueva etapa de su vida?
-Difícil. Mi padre es gallego, de A Estrada, y mi mamá española pero yo no tengo la nacionalidad... Hace un par de meses que tengo la residencia y todo está siendo bastante dificultoso. Llegamos a Lalín mi marido y yo por una prima que vive en Lalín desde hace varios años pero en Venezuela quedaron mis padres mayores, los hijos... Es un cambio muy fuerte, un golpe enorme que te sacude entera... Toda tu vida hecha allá, tus propiedades, tus amistades... Vienes a comenzar de cero y con casi 60 años, una edad complicada para acceder al mercado laboral pese a que tengas varias titulaciones. El estar en el desván ayudando en lo que se puede y en contacto con tanta gente es beneficioso, te evades de tus problemas, colaboras, ayudas y quizás otros te puedan ayudar a ti.
-¿Cuánto tiempo le dedica al voluntariado?
-Normalmente estoy por la mañana de 10 a 13 horas pero si puedo por la tarde también vengo a echar una mano. Mi idea es poder seguir colaborando, y ya en el mes de noviembre habrá más trabajo con la recepción de los juguetes que irán para los niños de 0 a 12 años, para Reyes.