La iglesia de Donramiro a través de diferentes fuentes documentales

Un escultor del siglo XVIII, vecino de esta parroquia, fue el autor de los retablos colaterales y sus imágenes


Lalín

Es un hecho conocido que la feligresía de Donramiro tuvo una especial relevancia desde la antigüedad. Una prueba más de su preponderancia la dejamos ya recogida en otros estudios como lugar de concentración de las antiguas milicias de Deza, donde se pasaba muestra (revista) a los milicianos y a las armas y municiones que portaban, antes de partir para campaña viva. (Documentos de Milicias. Archivo pazo de Don Freán).

Pero si algo caracterizó a Donramiro en el pasado fue, además de su hermoso templo parroquial, el fervoroso culto que se practicaba desde antiguo a Nuestra Señora de los Milagros, del que trataremos desde diversas facetas a lo largo del artículo.

Antes de adentrarnos en esta temática mariana, creemos necesario mostrar una breve relación de algunas obras efectuadas en el templo durante los siglos XVIII y XIX, concretamente en un período de 127 años en que la actividad constructiva en una parte de la iglesia fue intensa. Estos datos servirán de referencia para ayudar a establecer documentalmente un episodio de su historial, no solo evolutivo en cuanto a su arquitectura, sino -como se podrá comprobar más adelante- en diferentes ámbitos.

Obras en el templo

Por el Libro de Fábrica de la iglesia parroquial de Santa María de Don Ramiro (1767- 1894) depositado en el Archivo Histórico Diocesano de Lugo, sabemos que, en 1786 la iglesia tenía obra pendiente «…y más que pide la hecha». Según Razón y cuenta de los caudales desde 1773 hasta 1788, resulta haberse gastado en este corto período de tiempo más de 14.339 reales en la construcción de diferentes partes, entre las que cabe citar la sacristía, fábrica de paredes y capillas colaterales, con su techo y teja.

En 1795, en la denominada «reedificación de la iglesia», aún faltaba por enlosar la zona de entre colaterales; reparar las faltas que había en la nave y hacer de nuevo los pasos y gradas de piedra en el medio de la iglesia. Y en las capillas colaterales, nivelar su pavimento. Estas obras fueron realizadas por el maestro cantero, vecino de Donramiro, Antonio González que percibió, por cincuenta días que ocupó en el arranque, labra y asiento de las piedras, a cinco reales por día, 262 r (reales).

Prosiguiendo con las obras, en este mismo año se fabricaron las dos mesas de altar de los retablos colaterales y sus tarimas. Por este trabajo se le pagó al maestro escultor Joseph González 17 días de trabajo, que a 7 r / día, hacen 35 r. A su oficial, por 22 días de trabajo en dichas mesas, a 5 r / día, 110 r.

Retablo colateral del lado de la epístola

La antigua veneración mariana en esta parroquia, la encontramos reflejada en diferentes folios del mencionado libro de Fábrica. Por esta fuente tenemos conocimiento que el retablo donde se encontraba la imagen de la Virgen de los Milagros, estaba situado en el colateral del lado de la epístola (derecho mirando al altar). En 1798 se construyó un nuevo retablo -que vino a sustituir al antiguo- obra realizada por el maestro de escultura Joseph González Blanco que, por 69 días, a 10 r / día, cobró 690 reales, prosiguiendo con la obra Antonio Varela, oficial escultor, que ocupó ochenta y tres días, a 8 r /día, y Cristóbal López que empleó treinta días, a 6 r y medio / día. La madera utilizada y clavazón tuvieron un coste de 160 r. En el año 1802 hay noticia de haberse pintado el susodicho retablo, por el maestro Francisco Gallardo Gobián, de «acreditada pericia en el arte de la pintura», percibiendo por su trabajo 1730 r, en que se incluye, la pintura de dos andas, las varas del palio con su astil y las sacras del mismo altar.

La imagen de la Virgen data de finales del siglo XVIII

Respecto a la «milagrosa imagen», calificada, según copia literal de « La mas ermosa, bestida y enyamada y preciosa ymagen de N. S. de los Milagros y Rosario» fue hecha por el mismo escultor, retablista e imaginero, José González, vecino de esta parroquia, por el que consta haber percibido por su hechura: 320 reales; por pintar la cara, manos y Niño, 80 r (el Niño Jesús era otra imagen independiente como se verá más adelante); por su piluca (peluca) 40 r, que todo hacen 440 reales.

Confección del vestido en un convento de Santiago

En confeccionar los ropajes para la imagen se emplearon 4 brazas de espolete (sic); 2 varas de galón de oro falso; 5 v (varas) y media de raso azul para el manto; 7 v y media de puntilla de oro falso para dicho manto. Resulta tener percibidos en el convento de la Enseñanza de Santiago, 160 r. Suman estas partidas, incluido el forro de raso encarnado para el Niño con su galón de plata, 706 r con 28 maravedíes.

Corona de plata

Por la corona de plata y tres potencias para el Niño y la Virgen, pasada al contraste y con el nombre de esta parroquia, 218 r. Finaliza las partidas con 80 r que se emplearon para encargar, comprar y traer todo de Santiago.

La Virgen de los Milagros estaba colocada en un camarín con cuatro mecheros de metal. Un bastidor de madera con cristal hacía de puerta, que se podía subir y bajar mediante una roldana de hierro y otros herrajes con su correspondiente cuerda. Para mayor seguridad la puerta del camarín disponía de cerradura.

La imagen del Niño Jesús es obra del mismo artista dieciochesco de Donramiro

Las capillas y altares colaterales de la iglesia de Donramiro se cerraban con rejas de madera con sus respectivas cerraduras. La situada en el lado del evangelio (izquierda) se denominaba capilla del Monumento en que se veneraba la imagen del Niño Jesús, obra del mismo escultor de esta parroquia Joseph González, por el que se le pagó la cuantía de 1019 reales.

Por cuenta del trabajo de pintura del retablo, consta que recibió el pintor Francisco Gallardo 1.490 reales. Hacia 1810 el maestro Antonio Varela y su oficial Nicolás Iglesias fabrican de nuevo la mesa de altar con su frontal para «colocar en él con destreza el del Monumento». Su coste 200 reales.

La imagen de Nuestra Señora de los Milagros fue retirada al culto, debilitándose su advocación. Entre las razones que originaron esta medida cabe la posibilidad de que fuese por mal estado de conservación. Práctica habitual cuando las imágenes alcanzaban un elevado grado de deterioro, al ser consideradas poco reverentes, o que pudieran «mover a risa» entre los feligreses.

En las Visitas Pastorales se suele encontrar con cierta frecuencia ordenes tajantes del obispado en este sentido, bajo duras sanciones en caso de incumplimiento. Al ser consideradas esculturas sagradas, era habitual enterrarlas en sagrado, bajo losas del templo o lápidas en cualquiera de los muros interiores. Esta es una de las razones de que no hayan llegado a la actualidad muchas imágenes de épocas distanciadas en el tiempo. Con las nuevas tecnologías de localización sería factible recuperar piezas de imaginería que yacen secularmente ocultas.

Puesta en valor de la imagen de la Virgen

De comprobarse la existencia de la imagen de vestir de los Milagros, al igual que la del Niño Jesús, sería deseable recuperarlas mediante su restauración y devolverlas a su original emplazamiento de culto. Además, poseen el importante valor añadido de haber sido realizadas por un maestro escultor, vecino de Donramiro, autor también de los retablos que presidieron estas imágenes. Nos queda ahora por investigar al artista dieciochesco, Joseph González Blanco, sus datos personales, formación, trayectoria artística y donde dejó obra.

Repaso biográfico a uno de los personas enterrado en el templo

Entre los enterramientos que fuimos estudiando, dentro y fuera de la iglesia de Donramiro, trataremos (por la especial vinculación con esta Virgen) de la sepultura de Don Pedro Joseph Montenegro y Mosquera Ojea y Taboada (1706-1763) Señor de la Casa de Don Freán. Según su testamento manda que su cuerpo sea sepultado en el interior de la iglesia de Donramiro «bajo la tarima a los pies de Nuestra Señora de los Milagros» hecho que efectivamente pudimos constatar en el Libro IV de Difuntos (1715-1823) fol. 20, de esta parroquia, que dice:

«En veinte y ocho días del mes de enero de mil setecientos y sesenta y tres años se dio sepultura bajo la tarima a los pies de Nuestra Señora de los Milagros en esta iglesia parroquial de Santa María de Don Ramiro a Don Pedro Joseph Montenegro marido de Doña Mariana Ygnacia Posse residente en la ciudad de Santiago, quien murió en su casa de Don Freán de la feligresía de Catasós, y por su devoción a Nuestra Señora de los Milagros fue su voluntad enterrarse en esta iglesia …». (Siguen títulos del finado, entierro, novenario, testamentarios y albaceas e hijos de su matrimonio).

Don Pedro murió meses antes de cumplir 57 años, y con su decisión de recibir sepultura en la iglesia de Donramiro rompe la tradición inhumatoria de la Casa de Don Freán, cuyos Señores lo venían haciendo de forma continuada en la iglesia parroquial de Santiago de Catasós, de la que eran Patronos y donde tenían sepulturas dotadas desde 1612. Fundación hecha por Don Antonio Gómez Oxea de Albán el Mozo y por su esposa, descendiente de los Infanzones de la Modorra, Señor de la Casa y Coto de Don Freán (+ 1625).

Lugar de su sepultura

Verificado y contrastado el enterramiento de Don Pedro «bajo la tarima a los pies de Nuestra Señora de los Milagros», antes de pasar a precisar el lugar en que se halla sepultado en la actualidad, es importante tener en cuenta dos fechas clave. A saber, la de su fallecimiento, ocurrido en 1763 y la de la construcción de las capillas colaterales, efectuadas entre los años 1773 a 1788.

Según el mencionado Libro de Fábrica estas capillas fueron hechas para albergar los retablos colaterales, destinándose el del lado del evangelio a la Virgen de los Milagros, (que como documentalmente se sabe fue construido en 1798, en sustitución de otro anterior) lo que viene necesariamente a plantear que, el retablo antiguo presumiblemente debió estar adosado al muro y presidido por una imagen de la Virgen de los Milagros, al menos hasta enero de 1763 (según el aludido Libro de Difuntos en el que se registra la sepultura Don Pedro Montenegro).

En consecuencia, cabe deducir la existencia de una arraigada devoción a la Nuestra Señora de los Milagros y que, la sepultura del finado señor Montenegro, fue abierta bajo la tarima que había al pie del retablo antiguo, y no como erróneamente se pudo interpretar, bajo la tarima de la actual capilla, por no estar aún construida a su fallecimiento.

Existe la posibilidad de que sus restos, una vez concluida la obra de la capilla, fuesen trasladados -respetando su manda testamentaria- nuevamente «bajo la tarima a los pies de Nuestra Señora de los Milagros».

Losa con cruz grabada

Para intentar aclarar este punto contamos, una vez más, con las facilidades y participativa colaboración del arquitecto Luis Fernández, director de la actual obra de restauración de la iglesia. Por motivos técnicos solo fue posible retirar la parte frontal del entarimado (de madera de pino en mal estado) de la capilla de la Virgen de los Milagros y dejar al descubierto una superficie de suelo, aparentemente de tierra, donde se descubrió una única losa de naturaleza esquistosa y de forma cuadrangular (40 x 45 centímetros) con los bordes bastante irregulares, sobre la que se halla grabada una sencilla cruz griega, que ocupa la casi totalidad de la superficie. A falta de otras pruebas, no podemos atestiguar fehacientemente (con el rigor necesario que siempre debe prevalecer en cualquier trabajo de investigación) que la losa con la cruz -para marcar y santificar el lugar- corresponda a la sepultura de don Pedro Montenegro, señor del pazo de Don Freán. Si actuaciones futuras propician una pormenorizada investigación en el lugar, sería posible esclarecer si hubo traslado de restos, lo que cobraría nuevamente sentido el deseo D. Pedro Montenegro de estar sepultado «bajo la tarima» a los pies de Nuestra Señora de los Milagros.

Aprovechando la inspección ocular realizada en la capilla, nos fue mostrada el hallazgo de una piedra rectangular (51 x 17 cm) situada en el pavimento, contra la pilastra izquierda, que presenta restos de un epígrafe, en la que se puede leer en letras capitales, de siete centímetros de módulo, DE M LOPEZ, (las dos primeras letras cabalgadas) al que se antepondría la palabra sepultura. La inscripción pudo haber pertenecido a una lauda sepulcral fragmentada.

Regidor perpetuo de Santiago y Lugo

De la extensa biografía conocida de este distinguido personaje, solo mencionar que fue regidor perpetuo de Santiago y Lugo. Señor de los pazos de Don Freán en Deza y Trasfontao en Trasdeza, con el patronazgo de sus respectivas capillas, y del pazo de Souto, en la comarca coruñesa de Bergantiños. Dueño de los cotos y jurisdicciones de Don Freán, Catasós y Mazeira, donde, entre otras regalías ejercía la administración de juez y Justicia, como la habían tenido sus antecesores desde inmemorial tiempo; de San Xurdo de Cristimil y San Vicente. D. Pedro Montenegro dejó huella de su mayorazgo de forma ostensible en sus propiedades.

A él se debe la obra dieciochesca efectuada en el pazo de Don Freán, bajo la traza del arquitecto compostelano Simón Rodríguez, iniciada en 1725 y efectuada por el maestro aparejador Pablo Solla, que también dejaría obras en sendas etapas constructivas en el pazo de Des y en el santuario del Corpiño. De semejante naturaleza y patrocinio, fueron las desarrolladas al estilo y gusto de la época, en sus otros pazos de Trasdeza y Bergantiños.

Siguiendo la misma fuente del Libro de Fábrica, mediante «Razón de las alhajas existentes» en la iglesia de Donramiro, se tiene conocimiento de la hechura de tres cálices de plata, uno de ellos sobredorado de peso 23 onzas, hecho por el «Maestro platero contraste de la ciudad de Lugo» Joseph de Liz y Orbazui, que había costado 900 reales. De la actividad de este artista lucense se sabe que dejó importante obra de platería en la Catedral de Lugo. Se desconocía obra suya en Donramiro; un viril, construido en 1797 por el maestro platero de Santiago Joseph Novoa. Su coste 1.860 reales. Este platero realizó trabajos para la Catedral de Santiago, y fuera de la ciudad del Apóstol únicamente en la parroquia de Villajuan, en 1794, por lo que el viril de Donramiro es una aportación igualmente inédita; una cruz parroquial, de la que hay noticias de haberla hecho el platero Antonio de Marco en el mismo año 1797, y por la que cobró 332 r; un copón y relicario; la cruz del pendón de seda, con pintura al óleo; nueve candeleros, (de los doce hechos en 1797 por el maestro platero Antonio de Marco); dos arañas, también del platero De Marco; tres campanillas para ayudar a misa; un incensario y dos navetas; veinte mecheros; un farol, seis escusa-velas y dos ramos, estas últimas piezas de hojalata. En otra partida hay noticia del mismo platero de hacer la cruz parroquial, dos lámparas, dos arañas, doce candeleros y un crucifijo.

A modo de epílogo

La información de los hasta ahora anónimos plateros y constructores que trabajaron para la iglesia de Donramiro, va más allá, y merecería dedicarle un trabajo aparte. Pero debemos finalizar, para lo cual haremos uso de un comentario de Couselo Bouzas, de su obra -consultada en este trabajo- Galicia Artística en el siglo XVIII y primer tercio de XIX, editada en Compostela en 1933. «Muchas son las noticias que de artistas y de sus obras se encuentran en los archivos parroquiales; pero resulta dificilísimo, costoso y obra de mucho tiempo hacer ese recorrido por toda Galicia (…) quedan, por lo tanto, muchísimos datos por recoger que con el tiempo se irán publicando por los amantes de estos estudios».

Intentamos recoger el guante, e ir sacando a la luz tan valiosa información celosamente archivada, que a buen seguro vendrá a enriquecer el acervo cultural de la Tierra de Deza. Con La iglesia de Donramiro a través de las fuentes documentales, se cierra la serie de artículos que venimos publicando en colaboración con el dibujante arqueológico Daniel Manso, durante el transcurso de las obras que dieron como resultado la extraordinaria restauración del templo, ahora próximas a inaugurarse.

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