Las recreaciones históricas de la Feira dos Carballiños atrajeron a cientos de visitantes
12 may 2014 . Actualizado a las 07:00 h.Afiladores, zoqueiros y herradores tomaron Vilatuxe (Lalín) como en plena década de los cincuenta. Entonces hacían su agosto en la Feira do Carballiños, una de las citas imprescindibles en la Galicia de la época. Ayer, en cambio, eran figurantes. Personajes arquetípicos en una recreación de la feria que cada año gana adeptos.
La Feira dos Carballiños sucumbió en los años setenta al cambio de modelo comercial. Hace cuatro años fue recuperada por la Asociación de Veciños de Vilatuxe como recreación histórica y alternativa de ocio. Y fue un acierto.
Al frente del colectivo está Gerardo López, que asegura que el éxito va in crescendo. Calcula que ayer asediaron la parroquia -que ronda los seiscientos vecinos- más de 5.000 visitantes. ¿Para qué?. Para viajar en el tiempo a la década de los cincuenta. A los tiempos de asaltantes de caminos, cantos de taberna y recogida a domicilio de la leche en bicicleta.
Dos de las recreaciones históricas le tocaron la fibra sensible a los lugareños. Una fue la del asalto local al autobús de línea a Carballiño. La leyenda dice que el autocar repleto de gente fue asaltado por unos bandoleros que obligaron a los pasajeros a bajar y a echarse al suelo y les robaron todas las pertenencias. La mitología popular atribuyó el espisodio a una banda relacionada con Foucellas. Mito o realidad, los asaltantes empuñaron ayer de nuevo el arma ataviados con gorras y pañuelos. La organización se permitió alguna licencia, como la intervención de la Guardia Civil, que en la época solo investigó a posteriori el suceso.
La otra recreación que conmovió a varias generaciones locales fue la de la escuela rural de Doña Tinita. La escuela funcionó en la parroquia desde 1953 hasta los años setenta. Depués Tinita se marchó a Cangas -donde había sido destinado como médico su marido, Don Paco- y los exalumnos le perdieron la pista. A sus 86 años, Doña Tinita regresó ayer a Vilatuxe y pudo saludar a muchos de sus pupilos, algunos ya sexagenarios.
Pulperías, churrerías y coplas «picantonas» completaron el menú de los años cincuenta en la parroquia lalinense.