Tras lograr que la prisión de A Lama apostase por el reciclaje, Tomás Acuña ha dirigido su mirada hacia dos nuevos retos: la biomasa y el compostaje.
Esta última iniciativa está íntimamente ligada con el reciclaje, por lo que el educador del centro penitenciario anhela poder «cerrar el ciclo». No en vano, «la mayor parte de la materia es de tipo orgánico. Se calcula que casi la mitad de lo que se genera a nivel doméstico es materia orgánica, y mi ilusión es que algún día podamos tener una planta de compostaje».
El compost o mantillo es un excelente nutriente para el suelo, además de que ayuda a disminuir la erosión y a la absorción de agua y nutrientes por parte de las plantas.
En cuanto a la biomasa, se trataría de una planta que aportase energía útil al centro penitenciario pontevedrés. Hay que tener en cuenta que, anualmente, la prisión destina unos cuatrocientos mil euros al pago del gasoil con el que calentar los cincuenta mil radiadores con los que cuenta la prisión pontevedresa.
En contra de este proyecto juega el alto coste que tiene una caldera de biomasa con capacidad suficiente para toda la cárcel, algo más de seiscientos mil euros. Sin embargo, a su favor cuenta el hecho de que se podría dar trabajo a algunos internos. Además, «aquí hay mucho monte que se podría gestionar».
Ante esta tesitura, Tomás Acuña es realista: «Siempre estamos abiertos a ideas, pero todo depende del dinero y la voluntad. La voluntad sí la podemos poner, pero el dinero es más complicado».