«Soy como Ronaldo»

Con la Audiencia tomada policialmente, diecinueve personas se sentaron en el banquillo. Algunos se sintieron como estrellas ante los medios de comunicación


Responde al nombre de Edelmiro González Santiago y ayer, aparentemente, creyó estar atravesando la alfombra roja en lugar de pisando la piedra del suelo de la Audiencia. Es uno de los diecinueve imputados en la operación Volusia -la última gran redada en el corazón del mercado de la droga de Pontevedra- que rechazó un acuerdo con la Fiscalía, una decisión que le puede reportar seis años a la sombra. Sin embargo, su entrada en una abarrotada sala de vistas no mostró atisbos de preocupación, más bien de lo contrario, le dibujó exultante: brazos levantados y los dedos formando la ''V'' de victoria. Con la mirada dirigida a las cámaras y una sonrisa dibujada en el rostro, exclamó: «Soy como Ronaldo». Cosa de los quince minutos de fama que diría Andy Warhol, una actitud que contrasta con las formas de otros encausados, que optaron, sin conseguirlo, por la discreción. Una mesura que, en determinados casos, se convirtió en todo un reclamo para los medios. Es lo que le pasó a La Chunga o Julia Jiménez Jiménez. Cubrirse la cabeza con un pañuelo al estilo de hiyab islámico no es lo mejor en estos casos. En cualquier caso, el primer día de juicio se desarrolló sin incidentes, sin que se tenga como tales el hecho de que el presidente de la sección segunda tuviese que advertir en unas cuantas ocasiones a acusados y público para que guardaran silencio so riesgo de ser expulsados de la sala. Existía temor de que la vista se convirtiese en un barril de pólvora cuya mecha fuese un simple gesto, una palabra fuera de lugar, una mirada mal dirigida... No en vano, en el banquillo se sentaban vecinos de O Vao de Arriba y de O Vao de Abaixo, algunos de los cuales no es que se pueda decir que, aparentemente, mantengan buenas relaciones entre sí. «Cosas de rivalidades», apuntó un agente. Para curarse en salud, el Grupo Operativo de Respuesta de la Policía Nacional tomó la puerta de entrada de la Audiencia Provincial, mientras que sus compañeros de la Guardia Civil se ocuparon de controlar el acceso ordenado al edificio. Con una capacidad limitada, la sala de vistas pronto se completó con alumnos del IES Vilalonga, periodistas, curiosos, y allegados y familiares de los diecinueve encausados. Fuera de guión Ni siquiera se puede hablar que existiese calma tensa. Todo el pescado estaba vendido y ni siquiera cuando Ana María Jiménez Jiménez, alias Pilar, decidió cambiar el guión por su cuenta apenas se levantó un ligero murmullo. Ante la sorpresa de algunos y a medida que el fiscal antidroga conducía el interrogatorio, pasó de exculpar a tres de sus compañeros de destino a hundirlos hasta el cuello. La paulatina recuperación de memoria que experimentó provocó que su abogado y el de Carlos Olañeta intercambiasen mensajes en papel a través de una funcionaria judicial. Uno a uno, quince acusados fueron asumiendo los cargos -«Que sepan que estoy enferma y que no tengo otro medio para sobrevivir», aseguró Ana María-. Fue abandonar la sala y esta quedar prácticamente vacía. Mañana se escribirá un nuevo capítulo, pero con solo tres acusados ante el tribunal.

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