El Lalín de 1926 con ojos de mujer

Ruth Matilda Anderson, una joven fotógrafa de Nebraska, se fijó en las tradiciones del municipio dezano con especialmente protagonismo para el agro y las ferias


Durante tres intensos años de trabajo, la fotógrafa y etnógrafa de la Hispanic Society of America en Nueva York, Ruth Matilda Anderson, recorrió Galicia para retratar esta tierra desde sus objetivos. Sucedía entre 1924 y 1926, posando su personal mirada sobre las gentes y las tradicionales que cautivaron su curiosidad en esos itinerarios de punta a punta de la comunidad. Un testimonio plasmado en más de cinco mil instantáneas de la que se realizó una selección que ahora se exhibe por la Fundación Caixa Galicia en su sede de A Coruña, que permanecerá abierta hasta el 28 de febrero, y que se refleja en una publicación editada por la propia institución en la que no faltan imágenes de una de esas rutas que discurrió por Deza, en 1926, con Lalín como principal protagonista.

El que se puede considerar como uno de los mayores archivos fotográficos de Galicia en la década de los veinte, refleja las labores del campo en Lalín, con mujeres y hombres en parroquias como Prado abonando sus fincas o un grupo de niños arreando a unas vacas por un camino de tierra. Pero sin duda son las ferias las que polarizan el interés de Ruth Matilda Anderson, de las que en la actualidad se celebran dos cada mes en la capital dezana. En ese 1926 se contaba con un mercado estable, con puestos de piedra y madera, cubiertos de teja, para dar cobijo a vendedores y compradores. Hoy en día se celebran en el campo da feira al aire libre. Allí nos podíamos encontrar con artesanos de todo tipo, desde zuecos a alfarería o cestería, como principales reclamos para el público. Hoy la ropa, el calzado y los productos gastronómicos copan el protagonismo ferial.

Entre los trabajos de esta fotógrafo neoyorkina también destacan sus retratos. Rostros cargados de expresión, en algunos casos reflejo de la tristeza y la pobreza en que buena parte de la sociedad rural vivía. En otros con chispazos de esa ingenuidad y alegría infantil, no exenta de picaresca, como el retrato de un niño portando unos zuecos y el material con que se confeccionaban. O ese otro de un pequeño pastor, con una guadaña en la mano y cubierto con una coroza, ese abrigo de paja con el que protegerse de las inclemencias del tiempo. Los dos aparecen en las fotografías superiores y fueron tomadas por Anderson en Lalín, como un grupo de niños jugando con zancos en una pista de Loimil, en tierras silledenses.

Los medios de transporte, con bueyes, asnos y caballos para tirar de carretas y carros, junto a algún que otro coche de línea a motor, también se pueden ver en esta exposición y publicación. Figura una imagen de un carruaje familiar en Bandeira, tirado por equinos.

Y dejamos para el final una referencia más lalinense, en este caso vinculado a las costumbres y ritos. Una imagen tomada en la jornada previa al Día de los Reyes, de una vivienda de aldea, en piedra y donde una ventana abierta tiene en su alféizar tres platos: allí depositarían los Magos los regalos para los niños de la casa.

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