Un cabo de la brigada pontevedresa ha sido condenado a tres meses de prisión por gritar y recriminar a un subordinado, mientras le agarraba de las solapas del uniforme
29 oct 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Cuando el ya desaparecido Ivà creo al Sargento Arensivia dio cuerpo a los estereotipos y tópicos que dibujaban a un mando autoritario y de escasos modales con sus subordinados, entre otras facetas. Esa imagen ya no es compatible con la de unas Fuerzas Armadas que presumen de ser un Ejército del siglo XXI. Y si no que se lo pregunten a un cabo de la Brilat que ha sido condenado por la Justicia militar a tres meses y un día de prisión como autor de un delito consumado de abuso de autoridad, en la modalidad de maltrato de obra a un inferior.
Esta condena se fundamenta en un incidente que tuvo como escenario la propia base de General Morillo el 2 de agosto del 2007. Los protagonistas un cabo y un soldado, aparentemente, adscritos a la tercera compañía del batallón Zamora del regimiento Isabel La Católica número 29.
Sobre las dos y cuarto de la tarde, el ahora condenado se percató de que varios subordinados de servicio a sus órdenes «se encontraban sentados en el suelo y en los bordillos de las aceras, mientras esperaban la formación». El cabo consideró que esta actitud no era decorosa, por lo que ordenó que «se esperara de pie el acto formal».
Instantes después, cuando se iniciaba la formación, el militar observó como uno de los soldados se encontraba sentado. Se entabló entre ambos un diálogo que, a grosso modo, vino a ser:
-¿No has oído mi orden?
-No estoy en el suelo, sino apoyado en el bordillo -respondió su interlocutor-.
-¡Tú me estás vacilando! ¡Levántese!
A pesar de que el soldado cumplió este mandato, su superior no cejó en sus exclamaciones. De este modo, prosiguió profiriendo gritos y recriminaciones, que fueron contestados por el subordinado:
-No me gusta su actitud. Voy a dar parte de usted.
Todo parece indicar que el cabo no esperaba esta salida, ya que no dudó en coger a su interlocutor por las solapas de la chaquetilla del uniforme de faena. Al mismo tiempo, le comunicó que él mismo le acompañaría «a ver el suboficial de cuartel a fin de que pueda dar parte, al tiempo que le mueve. Inmediatamente el cabo soltó al soldado», consideran probado los tribunales.
Absuelto en A Coruña
Ambos expresaron su versión de estos hechos al cabo primero que, aquel día, realizaba funciones de suboficial. Tales relatos derivaron en la imposición de una sanción de ocho días de arresto por una falta leve por corregir a un subordinado de forma desconsiderada.
El cabo recurrió ante el tribunal togado de A Coruña, que, en primera instancia, lo absolvió. Sin embargo, el fiscal recurrió a una instancia superior al entender que el comportamiento del militar entrañaba «una actitud agresiva y ofensiva hacia el soldado». Le dieron la razón.