Con un par de semanas de retraso respecto a sus intenciones iniciales, el Consorcio de Santiago programa lanzar en junio un ambicioso plan de puesta en valor de los pavimentos del casco histórico. Basada en estudios científicos, talleres formativos y experiencias previas a pequeña escala, su ejecución habrá de concluir no más allá del 31 de diciembre, o sea, antes del próximo Xacobeo. Entre las nueve empresas que pugnan por materializar ese proyecto, el citado organismo interadministrativo pretende seleccionar en cuestión de días a dos, las cuales se encargarán luego de sendas áreas del recinto intramuros. Cada una va cobrar por sus servicios, IVA incluido, un máximo de 138.043,45 euros; entre ambas, un tope de 276.087. Consumidos esos cuartos, salvo cambio de opinión, la entidad que pilota Xosé Manuel Villanueva consignará sucesivas partidas que permitan ir dando continuidad a la iniciativa.
Callejones, rúas, plazas... En su conjunto, los ámbitos de actuación ocupan una superficie nueve veces más extensa que el Obradoiro: 6,35 hectáreas. No será preciso adecentar todo ese espacio, pero sí partes de él. ¿Cuánto? Ni el propio promotor de las obras lo sabe. «Non é posible determinar con antelación as cantidades exactas», reconoce a través de un documento entregado semanas atrás a todas las compañías que habían manifestado interés formal en asumir la encomienda.
Cuadrillas siempre activadas
El referido dosier simplemente marca unos límites de faena: se levantarán hasta 80 metros cuadrados de chapacuña, se extraerán 910 de losas de diversos tamaños, se sanearán -cepillo y agua en mano- 200 de piedra, se asentarán 244 de granito a estrenar? Todo ello, con mimo extremo, bloque a bloque y primando la reforma sobre la demolición. «Al margen de cosas que estén pendientes de hacer, los sitios concretos de intervención irán surgiendo sobre la marcha. Esto es un cambio de chip, un gran salto gracias al cual nos vamos a dotar de un sistema permanentemente activado para reparar de inmediato lo que se vaya rompiendo, sin tener que aguardar a licitar necesidad por necesidad, como venía sucediendo», valoró el director de la Oficina Técnica del Consorcio, Ángel Panero.
El organismo interadministrativo, que participan el Concello, la Xunta y el Gobierno central, ha redactado unas normas de obligado cumplimiento para las sociedades que resulten adjudicatarias del contrato. «A vontade -ha advertido por escrito a las licitadoras- é a de conseguir un servizo áxil e que produza as menores molestias aos cidadadáns». Así, con la «intención de corrixir inercias frecuentes que poden ser evitadas sen prexudicar gravemente a efectividade», prohibirá a los operarios que hagan «acopios na rúa de máis materiais que os estritamente necesarios na xornada».
Asimismo, estos no podrán instalar en las calles hormigoneras permanentes ni herramientas parecidas, ni tampoco valerse de generadores eléctricos a gasolina durante el desempeño de las tareas cotidianas. En su lugar, el equipo de Villanueva les sugiere «o emprego de maquinaria a batería ou outra solución de subministro menos molesta que a mencionada». Y sentencia: «Diariamente, procederase á limpeza dos traballos».
Conservar antes que demoler
En genérico, además, prescribe a los canteros que, a la hora de cuidar los suelos de la zona vieja, se guíen siempre por las pautas que les vaya marcando un gabinete de técnicos supervisores. A mayores, les exige que traten de conservar «a maior cantidade de pezas orixinais» y, en último caso, reemplacen las primigenias por otras «das mesmas características e dende logo das mesmas dimensións». «Non se rebaixará o espesor das [lousas] extraídas», agrega, para luego instar a que sean retiradas, por norma, mediante ventosas especiales, nunca izadas con palancas, y siempre velando por la integridad de sus aristas. «Os traballadores da cuadrilla -concluye- vestirán roupa de faena en boas condicións e segundo o modelo [corporativo elixido polo Consorcio]».
Consultado al respecto, Panero proclamó: «Con esta cuestión de la imagen seremos muy estrictos, como procede». No en vano, esta que ya se halla en capilla se trata de una intervención que trasciende con mucho otras puntuales y menores que, con metas parecidas, hasta la fecha se habían venido efectuando en el casco histórico con un carácter «experimental». A la vuelta de la esquina, además, aguarda el jubilar 2010.