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El escultor incorpora a su santuario de Arca un crucero profano de seis metros
05 abr 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Igual que Eduardo Chillida tiene su Chillida-Leku en Hernani (Guipúzcoa), el escultor estradense Vila-Verde tiene su santuario artístico en Penela, en la parroquia de Arca. No posee doce hectáreas de esculturas salpicadas entre hayas y magnolios ni personal que retoque el césped cada día. Su jardín-museo es más modesto y más caótico, pero alberga una muestra significativa de la trayectoria artística del escultor.
En este taller-jardín plagado de surrealismo descansa desde esta semana la última obra de Vila-Verde, Angel in the forest . Es un cruceiro de seis metros de altura con una fuerte carga simbólica y una espiritualidad que poco tiene que ver con la de la iglesia católica. La religión del escultor estradense es otra. Es el arte, la comunión con la naturaleza y la exploración de las inquietudes profundas y las contradicciones del ser humano. Angel in the forest combina dos tipos de granito. Para la base y el fuste se utiliza piedra de Rodeiro. Para el capitel y la cruz, granito de Arca, de grano más fino, lo que permite una labra más minuciosa y delicada. Éste último material fue extraído de la cantera que la familia de Vila-Verde tiene en la parroquia estradense. Arca fue en el siglo pasado tierra de canteiros. Casi todas las familias tenían su cantera de uso particular. El abuelo materno del artista, Francisco Villaverde, también. Regresó de la emigración cuando Vila-Verde tenía 12 años y montó un taller de labra de dinteles y molduras en la casa familiar.
La crucifixión del bosque
Los de Vila-Verde casi nunca son cruceiros al uso. Angel in the forest tiene por base un ángel de enormes alas policromadas y ojos verdes penetrantes. El artista conoce el sexo de los ángeles. Éste, al menos, lo ha hecho varón. La vegetación avanza sobre el fuste, que remata en una ola celeste sobre la que se eleva una crucifixión vegetal e irreverente. No es Cristo el que sufre martirio, son ramas vegetales que adoptan la silueta clásica del crucificado. «Baséome no cruceiro como forma e como símbolo, pero o tema non é relixioso. Representa máis ben a crucifixión do bosque, da natureza, que ten o seu anxo protector», explica Vila-Verde.
No es su primer cruceiro profano. En el jardín de su taller de Penela luce también Apóstol da contorsión , en el que el fuste se eleva sobre una figura encorvada. «É unha reflexión sobre a crucifixión e a figueira do demo, unha árbore vietnamita que medra entre as pedras dos templos. Moi bonita, pero que destrúe todo ó seu paso», comenta.
En la playa fluvial de O Areal, en Berres, se levanta otro de los peculiares cruceros de Vila-Verde. La base es un muro sobre el que reposa un lagarto y la cruz es celta y está formada por figuras de peces.
La naturaleza es en la actualidad la principal fuente de inspiración de Vila-Verde. Su próximo proyecto será una talla vegetal en granito de Campo Lameiro. «Chámanlle 'negro de Galicia'. É un material moi interesante porque pódeselle sacar moito brillo e xogar dándolle texturas diferentes», explica.
El bloque para la nueva obra está hincado en la finca-taller de Arca, en la que Vila-Verde se refugia siempre que puede. La piedra espera su turno rodeada por un bosque de obras terminadas y proyectos en curso. Está el popular Eixo que fue imagen de la exposición Terra Única (un hombre encadenado a dos ruedas de carro que representan la dualidad entre el bien y el mal) y están obras desconocidas e inquietantes, como el feto que nunca va a nacer (encerrado entre dos lamias de ruedas de carro) o la Besta brava , con cabeza de caballo, cuerpo de mujer y futura cola de sirena. El taller encierra obras más tempranas de «surrealismo cinético». Como la vida misma.