El PSOE afronta su mandato en minoría al no cerrar un pacto con el BNG, lo que impide promesas como el PXOM, pero sí puede actuar contra el reto de la deuda
01 jun 2008 . Actualizado a las 02:00 h.La deuda. Ese era el pensamiento principal el 27 de mayo del 2007 de la hasta entonces candidata socialista recién estrenada en política, Paula Fernández, cuando se convertía en la alcaldesa virtual y arrebataba la hegemonía al PP. No se equivocaba. Ya en el gobierno la economía ocupó el puesto prioritario anunciado en campaña: pagar los gastos generados e ir haciendo frente a los anteriores. Sentencias a favor de acreedores, negociar con los que ya se conocían las deudas (Hidroeléctrica, Sogama...) pero también al cajón de las facturas sin reconocer. Pequeños pasos en la gran cantera y con auditoría en marcha, aunque sin ser gratuita.
Pero el tiempo abrió nuevos frentes no incluidos en el programa electoral. Y gobernar se sumó a la lista. Los votos dieron a los socialistas esa responsabilidad pero introdujeron el condicionante de que iba a ser sin mayoría y dejaron en sus manos alcanzar estabilidad sumando al Bloque. Dos negociaciones para pactar no fructicaron. La distancia de los inicialmente llamados a ser socios en lugar de acortarse parece aumentar. El desencuentro ya lo pagó en pleno el PSOE. El peaje de afrontar un gobierno en minoría se convirtió en propuestas que no salieron adelante. La opción para hacerle frente pasa por exprimir al máximo las competencias de la junta de gobierno y evitar el debate en pleno. Pero también en este órgano ha sufrido desgaste. La alcaldesa, Paula Fernández, tuvo que lidiar con la primera crisis. La renuncia de dos de sus ediles, Javier Cuíña y Ofelia Rey, a estar en la junta local obligó a reestructurar el gobierno y variar las tenencias de alcaldía. Los independientes se alejan de la toma de decisiones.
Al gobierno en minoría y a afrontar la deuda se le une el urbanismo. Los socialistas hablaban en su programa de PXOM, agilidad del departamento y de «tolerancia cero coa corrupción urbanística». Pero la alcaldesa no aguardaba que esta fuera el área que más le borrase la sonrisa y las promesas más difíciles. Su actuación al paralizar una obra en la zona O Campo ha derivado en una cascada de denuncias. Su impacto es una incógnita. Y el PXOM, sin fecha.