Con el chupinazo, la alcaldesa inicia el desgaste al bastón de mando El día de su victoria pensaba más en objetivos que en su éxito: «Ímolo conseguir», aseguró llorosa por la emoción del triunfo
12 jul 2007 . Actualizado a las 07:00 h.P.V. Toca flores y arreglar el escenario. Es tiempo de orquestas y bandas en Silleda. Va a sonar la música para el primer baile con Paula. Se acabaron las previas, los ensayos y los ajustes. La alcaldesa da fuego hoy al chupinazo y comienza a gastar el bastón de mando en pleno corporativo. Ya no hay vuelta atrás para la historia que empezó Silleda el 27 de mayo con alegorías previas. Cuando el entonces candidato a presidente de la Xunta, Emilio Pérez Touriño, veía desde la granja de vacas de Vixide en Graba un futuro día luminoso para Silleda, Paula Fernández Pena era una dinámica empresaria silledense liberal. Ni Touriño ni la propia Paula sospechaban ni por asomo que esta silledense pondría la sonrisa al día luminoso. No existen mirlos blancos. Pero Gerardo Lázara y Javier Cuíña la encontraron. Nunca el desprendimiento tuvo tanto premio. Independientes y socialistas habían puesto rumbo común en una apuesta que podría haber dejado incluso a los dos líderes fuera de la corporación. Pero encontraron cabeza de lista que cambió el devenir esperado de dardos y lanzas por alguien sin pasado político vulnerable. El propio partido, el PP gobernante y el BNG se frotaron los ojos cuando fueron conociendo el caso. El escenario político era totalmente nuevo. Paula Fernández aceptó ser candidata a la alcaldía por el PSOE en una noche de tensión y nervios, y larga, en la que primó su firme determinación de entrar en este baile político. Cuando tomó la decisión sobre las diez de la noche tenía 36 años. Pocas horas después, cuando los lectores de La Voz de Galicia conocieron por la mañana que lideraría el PSOE, ya tenía 37, como otra premonición más de cambio de ritmo. Pero no la única. Quiso el azar que su noticia compartiese página con otra de un estudio de estado económico municipal. Carme Fidalgo del BNG cifraba ese día la deuda del Concello de Silleda en 12 millones de euros de los que nueve eran con proveedores. Minucias... para salir corriendo y renunciar. Pero fue al choque, tenía referencias de donde aspiraba a entrar. Se apuntaba hace unos ocho años que José Fernández Viéitez, Roucho, el regidor derrotado en estas elecciones, iba a llegar a la alcadía con un pan debajo del brazo, considerando a Xosé Cuíña como valedor. Visto ahora Paula trae una panadería entera bajo el suyo. Touriño y Varela, el techo político del PSOE gallego, y los dirigentes provinciales se volcaron. Y se tendrán que volcar, que Paula no es de las que olvida lo que se habla y se promete. Entró en la danza política tanteando y haciendo la apuesta antes de ser alcaldesa para poder ejercer con garantías y parece tenerlo muy clarito. Ahora es fácil verlo porque adoptó medidas de saneamiento municipal empezando por apretarse el propio cinturón, el de su gobierno y el de la empresa-Concello que dirige. Pero las sensaciones y las vibraciones se deben recoger en otro momento. Cuando aún bailaba entre la mayoría absoluta o lo que finalmente fue, seis concejalías, Paula decía a esta redacción, «Ímolo conseguir». Llorosa de emoción por la gran victoria no destacó ésta sino el objetivo que la había llevado allí: «Ímolo conseguir, verás como o conseguimos». Se refería a salvar el Concello, recuperar sus finanzas. Sabía dónde se metía y que empezaba una danza frenética. Silleda tiene hoy el primer baile festivo con Paula. Pero el baile de la alcaldesa tiene otra dimensión. La danza que inició creo que sería un pasodoble, de agarre fuerte, de pisar sólido y de recorrido largo aunque el recorrido, por ser suave como sonrisa de seda que cautiva, casi se asemeja a un vals. Y es que ya mostró fortaleza y solidez al agarrar los asuntos y centrarlos. Y ya mostró recorrido porque decide con presteza en muchos frentes y no deja que al clavar el diente en resolver problemas se le pierda la sonrisa. Sabrá, seguro, que la danza es la vida, con idas y vueltas, con flores y jardines y con giros radicales. Supo cogerle bien el punto de arranque a la pieza. El chupinazo, abre a Silleda el primer baile con Paula. Las victorias no son inocuas. Dejan vencidos y anuncian nuevas batallas. Hay muchos heridos. Hasta ahora danzó sola en el escenario político. Sin más rival que la dura realidad que se encontró. Ahora, hoy ya, comenzará a sentir la otra cara del juego político, donde reducir gasto no implica necesariamente aplauso y trabajar sin pausa no libera de lo que siga sin hacer. Coger bien el paso da ventaja en el baile pero no garantiza acabar bien la pieza ni muchas piezas. Las flores tendrá que regarlas todos los días, y ni así bastará.