AL FONDO | O |
08 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.ALGO FALLA en nuestro sistema democrático cuando todo nos parece normal. Cuando en los análisis políticos entran únicamente parámetros de legalidad, y se olvida sistemáticamente la ética. Cuando la justificación de una conducta actual es una permanente mirada al pasado, una comparación reiterativa que llega a aburrir. Los políticos ya ni siquiera cuidan las formas: parece que todos damos por hecho cómo es la mujer del César, y en consecuencia nadie se esfuerza en difundir otra imagen. Soy de los que creo que la dedicación política debiera dignificarse. Pero también pienso que, en esta tarea de dignificación, los propios políticos tienen un papel clave. Y en la gran mayoría de los casos están fallando. Con sobreactuaciones estrepitosas; con posturas extremas desde las que se niegan prácticas que antes se apoyaban; con más miradas al pasado que al futuro; con la creación de ficticios ambientes de crispación; y con la búsqueda de pajas en ojos ajenos mientras las vigas cierran los propios. Es una situación que se repite en los distintos ámbitos de la vida política. En la que nos toca más cerca, en la política local, la cuestión se multiplica, porque a menos de un año para las municipales la carrera electoral está lanzada y desenfrenada. Así que se lee cada palabra, cada coma, y se busca una interpretación y una explicación a cada frase: entre la penumbra que permiten las vigas , y sin tomar siquiera en consideración el consejo que se daba a la mujer del César. Confieso que no sé si el error es mío, y si todo es normal, y por lo tanto, admisible y tolerable. Sobre todo cuando se observa la reiteración, desde unas siglas a las antagónicas. Ayer, y hoy. Aunque algunos conservemos la esperanza, cierto que cada vez más pequeña, de que mañana no.