AL TRASLUZ | O |
18 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.EN SILLEDA las barreras arquitectónicas para personas con algún tipo de discapacidad física siguen en dos de sus principales edificios de servicios públicos: el Concello y Servicios Sociais. Ayer, me volví a acordar de las personas que tienen que utilizar silla de ruedas para desplazarse. Un vecino que tenía que utilizarla tuvo que recorrer todo el trayecto de la calle D por el vial debido a las obras y con los coches detrás de él. Una auténtica incomodidad para él ante las dificultades para poder desplazarse y a la vez sabiendo que está causando problemas a la circulación sin poder evitarlo. No tenía otra alternativa a no ser recorrer el triple de distancia. Pero las barreras arquitectónicas no afectan únicamente a los que utilizan sillas de ruedas o muletas todos los días. Algunas personas mayores también tienen dificultades para poder andar por una calle en obras o para acudir al departamento de Servicios Sociais porque tiene que subir un montón de escaleras. También están todas las madres que empujan los carritos de sus hijos. Te los encuentras parados a la salida de algunas puertas de bancos, porque con dos escalones de gran tamaño son incapaces de hacer subir el carro con seguridad y después bajarlo. Pero además de los escalones también están las rampas que en ocasiones ponen para que esos edificios se consideren adaptados para personas con discapacidad. Algunas parecen hechas como los trampolines de esquí para los saltos. Coger una silla de ruedas y tirarse por ellas sólo servirían para coger tal velocidad que la frenada podía ser colisionando contra un coche aparcado o aparecer en el medio del vial si es que consiguen no caerse antes. Y por no hablar de cuando quieren ir al baño en un establecimiento público, en algunos casos casi no logra entrar una persona sin discapacidad. Y aunque cada vez hay más sensibilidad, aún queda mucho por hacer.