Médicos sin fronteras

DEZA

AL FILO | O |

04 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

LOS MÉDICOS son muchas veces nuestros confidentes, nuestros hombres y mujeres de confianza, personas en las que creemos ciegamente y que nos ayudan a sobrellevar nuestros males y múltiples achaques de la forma más liviana posible. Otras veces se pueden convertir en una pesadilla. Entre unos y otros siempre hay un término medio. Seguro que los facultativos de la zona tendrían también posiblemente una larga lista de objeciones y de quejas que aportar, pero cada vecino podría llenar un libro con sus propias experiencias muchas veces no demasiado agradables. A los que no residimos desde hace mucho tiempo en la comarca de Deza nos sorprenden algunas cosas y que los protocolos del Sergas para toda Galicia parezca que no se aplican igual. En mi antiguo centro de salud, de un municipio de menos de 15.000 habitantes, eran frecuentes las visitas escolares. Los niños de infantil conocían el centro, aprendían a perder el miedo al dentista subiéndose al sillón y pasaban un reconocimiento completo con frecuencia que incluía visita obligatoria y marcada por el especialista al oftalmólogo, varias al odontólogo y algunas otras. Aquí, y me consta que a otras madres también le pasa, a nuestros hijos no los llamaron nunca para nada así. Eso sin contar las clases de alimentación sana y hábitos saludables, entre otras que los facultativos daban periódicamente y por sistema en los colegios. Uno podía elegir ginecólogo, si iba al hospital que quedaba en el mismo pueblo esperaba como mucho media hora para ser atendido. Aquí se dan paradojas como la de alguna embarazada a la que dan cita para la consulta de alto riesgo antes que para hacerse los primeros análisis de rigor, eso sin contar ya con la primera ecografía. No es la primera que tiene un aborto mucho antes de la primera consulta. En fin.