En directo | El coche de Alonso en Santiago Cientos de personas admiraron en Área Central y en el Centro Comercial Compostela la máquina del campeón del mundo de Fórmula 1
28 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.Confirmado: el coche de Fernando Alonso no tiene maletero, ni cargador de cedés, ni mechero, ni nada. Mucho mejor un Panda de toda la vida, ¡dónde va a parar!... Sí, ya, no se consuela el que no quiere, porque la máquina del campeón del mundo es uno de los artefactos más sofisticados de cuantos ruedan por el asfalto, así que lo de buscarle peros es una manera como otra cualquiera de suspirar por un vehículo que es de otro planeta. El término «babear» igual es un poco desagradable pero, con el diccionario en la mano, es quizás el más adecuado a la hora de describir lo que hicieron -hicimos- muchos santiagueses ante el monoplaza del asturiano. Mutua Madrileña, que acaba de lanzar su nueva imagen corporativa y de abrir su primera oficina en Galicia, es la firma que ha cedido el vehículo para enseñarlo a los aficionados. A eso de las 12.30, un curioso remolque-exhibidor se abría como una vieira ante el Centro Comercial Compostela para mostrar su precioso contenido: un coche de cuatro metros de largo por 1,8 de ancho capaz de alcanzar, si se le pisa, «los 320 kilómetros por hora», según explicaba un chaval del instituto de Lamas de Abade, llegado para la ocasión. Justo detrás del fórmula uno se colocó un autobús promocional de dos pisos lleno de azafatas con gorra azul; y hay que decir la verdad: algunos miraban más para el autobús que para el coche de Alonso. El de Lamas de Abade, que no se cansa de hacerle fotos al coche de su ídolo, se llama Diego Liñares y sabe de lo que habla. Sea por los domingos ante la tele o por las jornadas con la vídeo-consola, es capaz de hacer una detallada explicación de la parte del vehículo que más le gusta: el volante. «Ese de aí é o botón que ten que tocar para beber; o outro, para comunicarse co box, aquel para correr máis ou menos...». Diego suspira. Todavía le queda un año para sacarse el carné y se le está haciendo largo. La gente se va apelotonando ante el fórmula uno y lo machaca a retratos, que para eso están los teléfonos móviles. La escena se repitió durante la tarde en Área Central, donde la nave espacial del de Oviedo estuvo expuesta para quien la quisiera admirar. Cuando uno lleva un rato escaneando con la mirada todos y cada uno de los tornillos del artefacto, cae en la cuenta: «¡Ahí va!, si es como los centollos de esta temporada, no hay nada dentro». Efectivamente, el motor, el corazón de la bestia, no está, pero apenas se nota, con una carrocería y unas ruedas realmente espectaculares. «Es el de verdad -aclara una azafata-, con el que corrió en Mónaco». Uno se queda mucho más tranquilo. «Din que en cada carreira cambian de seis a vinte rodas», le explica una mujer a otra. En qué quedamos, señora, ¿seis ou vinte? La madre de Sergio, que no es mucho más alto que una rueda del coche de Alonso, retrata a Sergio ante la máquina antes de decirle: «Pa casita, a comer». Y hay que decirlo todo: delante del Corte Inglés, el monoplaza de Alonso estuvo aparcado en la misma parada del autobús, como el coche de un compostelano más. En Área Central disfrutaron de lo lindo soñando a 320 por hora.