AL TRASLUZ | O |
01 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.HACE UNOS DÍAS vi una de las calabazas de Halloween colgada en una eira de la comarca. No me extrañó. Unos días antes ya había advertido que los más pequeños de las casas celebraban con talleres o en los centros educativos esta fiesta. Ayer al mediodía encendí la radio y también había alguien -no logré saber quién era- que hablabla sobre Halloween. En este caso, se quejaba porque ahora los niños celebran esta fecha en los colegios y por ejemplo se estaban perdiendo tradiciones como la de los magostos, hasta el momento habituales en todos los centros. Muchos conocimos Halloween a través de las películas de Hollywood. Esa fue nuestra principal referencia. A través de imágenes de disfraces, de niños que en los filmes van casa por casa pidiendo algo para comer, fue como nos acercamos a esta fiesta llena de fantasía y misterio, de brujas, fantasmas y esqueletos. Si preguntamos a nuestros abuelos nada saben de la fiesta que es referencia el 31 de octubre en muchos países vecinos. Pero Halloween no es más que la copia de una tradición celta de más de 3.000 años de antigüedad: el Samaín y era el festival más importante que celebraban puesto que era el último día de la cosecha y el comienzo del invierno. Además, los celtas creían que en esa noche las almas de los muertos regresaban a visitar los hogares terrenales. Pero como muchas de otras tradiciones ancestrales, con la romanización y la llegada del cristianismo, se adaptaron para convertirlo en una fiesta religiosa. Ahora, Estados Unidos supo extenderlo. Por eso los argumentos críticos con la celebración de Halloween, fruto de la globalización cultural que se está produciendo, tienen su propia contradición interna. El Samaín tiene más de 3.000 años y se fue adaptando para resurgir ahora como Halloween. A los magostos también puede pasarle lo mismo y ¿por qué no celebrar la fiesta con magosto?.