EL CRISOL | O |
04 may 2005 . Actualizado a las 07:00 h.ME GUSTAN la publicidad y el trabajo de los publicistas. Cuando son buenos, tienen la capacidad de sorprendernos a quienes soportamos hace años la presión de una sociedad que lanza cada día millones de mensajes visuales. La publicidad que tiene como protagonistas a los políticos se denomina campaña electoral. Y en ella, multiplican sus mejores poses para vendernos confianza y gestión, bajo las siglas de su formación política. La publicidad se permite ciertos trucos, ciertas sublimaciones de la realidad que se dan por consabidas. La publicidad política, también. Por eso no acabo de entender que haya quien se rasgue las vestiduras, a estas alturas de la película, porque un candidato rejuvenezca su expresión veinte años o se aparezca con una beatífica tranquilidad, inconcebible en quien es un torbellino. Personalmente, no le doy valor de realidad a esas imágenes, pero admiro a quien es capaz de lograrlas, sobre todo, si no se pasa de retoques. Quizás mi descreimiento, ya omnipresente, comenzase el día que vi la realidad de una mini cajita con la mini hamburguesa que en las fotos del MacDonald's se aparecía enorme. Y eso fue ya cuando Fraga tenía los años que aparenta en su cartel.