Elogio de los profesionales

DEZA

EL CRISOL | O |

22 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

NO ME FIO ni un pelo. De los nuevos protagonistas que descollan en los más diversos ámbitos profesionales, que acaparan titulares con sus revolucionarios métodos de hacer lo que siempre se hizo y que dan a las cuestiones más nimias una trascendencia sobrenatural, con toque de sensibilidad máxima. Tengo una fórmula para localizarlos: en cualquiera de sus declaraciones a los medios públicos que les buscan, se esconderán unas palabras en las que confesarán que «para hacer este trabajo, tienes que ser un poco psicólogo». Pues, hala, que tenemos el país lleno de gentes «un poco psicólogas». Nosotros, que nos inventamos el tópico del argentino psicoanalista, nos poblamos cada día que pasa de psicólogos sin título, que encima dicen que nos van a atender nuestra psique cuando no se lo hemos pedido. Lo bueno es que no se pueden hacer distingos. Los «un poco psicólogos» surgen por doquier. Y uno añora los profesionales de siempre, los de toda la vida: que no regalaban psicología a sus clientes. Hacían su trabajo como mejor sabían, que solía ser bien, de una manera profesional y sin más zarandajas que los términos de la cortesía y la buena educación. Y buenos días, y hasta la próxima. Y que te orientaban en lo suyo, y que si te veían bajo de moral te animaban: pero desde luego, no te sermoneaban pastosamente sobre presunta psicología. Antes elegías lo que querías, y cuando elegías sabías lo que tendrías. Ahora, con tanta tontería, nunca sabes cómo vas a acabar. O sea, que al final todos tenemos que ser «un poco psicólogos» y comprender a quienes nos quieren ayudar porque son «un poco psicólogos». Pero cada vez, menos profesionales. Eso sí, sin traumas.