El arquitecto explica que el edificio construido será más discreto que la maqueta presentada Alude a una flexibilidad conceptual que permitirá realizar diversos cambios
22 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.La convivencia entre la ciudad y el mundo rural que se reproduce en Lalín es uno de los ejes sobre los que pivota el diseño que los arquitectos Mansilla y Tuñón han creado para el futuro consistorio lalinense. Según Emilio Tuñón, «la idea, con una referencia algo ambigua al castro, trata de establecer un sistema que permita incorporar un mecanismo abierto y flexible para el proceso de construir, crear y crecer». El diseño, próximo a otras propuestas que los arquitectos han realizado desde el comienzo del nuevo milenio, y más alejadas de sus «estructuras formales apriorísticas» del siglo XX, se organiza en tres alturas y a base de diversas células conectadas. Tal y como recuerda Emilio Tuñón, «una de las mayores ventajas que presenta el proyecto es la posibilidad de realizar variaciones sin modificar el diseño del concepto inicial». Diseño y funcionalidad «El proyecto que hemos creado tiene un alto componente de arquitectura, entendida como el arte de construir ambientes artificiales donde se desarrollan las acciones humanas», señalaba ayer Tuñón. Funcionalidad y creación se dan la mano en un «proyecto en el que la flexibilidad se adapta al diseño, con espacios en los que se pueden desarrollar actividades, y con escenarios que incentivan la voluntad colectiva». La idea de proyectar un edificio que representase a la ciudadanía y la democracia fue uno de los mayores reclamos para el estudio de Mansilla y Tuñón. Para ello, «un patio de atención al público lleno de colores, y marcadamente optimista» será el espacio que dé la bienvenida a los ciudadanos. Aunque el diseño ganador del concurso de ideas lo describen sus creadores como «sorpresivo y espectacular», una vez se construya «será un edificio más discreto, integrado en la zona donde se ubica».