Los gatos de Morgade tiemblan

F. S. Cordón A ESTRADA

DEZA

MIGUEL SOUTO

Reportaje | La proliferación de felinos se debe al trato de rey que reciben en una casa La mayor parte de los vecinos de la aldea forcaricense conviven con unos animales que casi les triplican en número, pero hay alguna queja y ya apareció la Guardia Civil

10 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

La aldea forcaricense de Morgade, perteneciente a la parroquia de San Miguel de Presqueiras, sale en los periódicos una vez cada veinte años, al menos. Hace poco apareció el nombre entre líneas en una noticia, pero sólo porque un concejal es de allí. Son poco más de treinta casas, casi todas agrupadas, pero sólo la mitad están habitadas. No hay más de 40 residentes, pero allí también viven más de un centenar de gatos, que reciben un trato privilegiado por parte de una vecina muy particular. El problema es que los minimos son cada día más numerosos y, aunque la convivencia sigue siendo pacífica, están surgiendo algunas quejas. Dicen que es por las heces de estos felinos pacíficos, que tienen un olor fuerte. En el entorno de la aldea ya pululan libremente las vacas y las ovejas, y también producen excrementos, en mayor volumen, pero el olor no es igual. La casa de Los Casianos A principios de los noventa, en Morgade no había más de un gato por cada habitante, como media. En esos años, Irene Blanco y su esposo Manuel Garrido volvieron a su tierra desde Brasil. Se instalaron en una casa de la familia conocida como la de Los Casianos. Ella, que mantiene aún un dulce acento brasileiro, acogió pronto a dos gatos vagabundos, y así empezó todo. Cuidó las camadas sucesivas que aparecieron y también a los muchos amigos que estos animales se procuraron, e invitaban a casa. Irene Blanco confesaba ayer que quiere con desmesura a estos animales. Su marido siempre le riñó por esta pasión y sus consecuencias, pero ya ve la batalla perdida. Ella calcula que puede tener entre treinta y cuarenta gatos, pero son más de cien los que andan siempre por el entorno, y por la aldea en general, esperando cada día las atenciones de Irene, que se gasta 36 euros a la semana en comprarles comida. Los gatos, los propios y sus amigos -que ya no se distinguen- saben a qué hora les preparan los platos con leche, carne con arroz, piensos y otros manjares. Además, hay dos cuadras habilitadas para que todos duerman calentitos. Con tantas atenciones, los gatos decidieron convivir en armonía y llevarse bien?con??los perros de la aldea, y demás animales, incluidas las gallinas. Pero esa convivencia se hace ya un poco díficil con algún vecino, que llevó sus quejas a la Guardia Civil. Los agentes se personaron en casa de Irene. Prefirieron no contar los gatos, pero indicaron que hay que buscar una salida al problema de tanto minino junto y a las quejas. Sugirieron deshacerse de buena parte de la cabaña gatuna, internando a muchos en algún centro adeducado de recogida. La mujer no está muy conforme, y señaló ayer que, por ejemplo, una deposición de una vaca en medio de la calle ya equivale a las de todos los gatos en una semana. Quiere mantener a sus animales, pero pedirá, si se los quitan, que les den el mismo trato en el lugar donde acaben. «Yo tengo a los míos -dijo- en un prado grande, y les preparé dos cuadras. También duermen en otra casa de la familia. No causan problema, ni conflicto alguno, ni hacen daño a nadie, y no se porqué alguien se queja». Algunas vecinas que conocen y quieren a Irene se pronunciaban ayer en términos similares y apoyaban a esta mujer, indicando que incluso se preocupa de desparasitarlos y vacunarlos. La Guardia Civil no puede hacer mucho más en este caso. Se entiende que sería el Concello el que debe estudiar esa queja y la situación. No hay ley que prohiba tener cuarenta o cien gatos que no causan en las calles más problemas que unos olores por caquitas mil veces más pequeñas que las de una vaca.