Santiago no vale una misa

| O. P. ARCA |

DEZA

LLEGARON EN NÚMERO de 30.000 a Santiago: tomaron las calles, botaron en los bares y colapsaron los pubs. Como en aquella canción eclesiástica: «Vienen con alegría, Señor». Sobre todo a altas horas de la noche. Por Lalín pasaron más de 2.500. Su peregrinación, por lo que vimos en Deza, no era el dificultoso camino que supone la ruta xacobea: los peregrinos no cargaban con las mochilas, que iban en camiones; recibían su frutita al llegar a destino -30 kilómetros de Oseira a Lalín, o sólo 17 de Lalín a Cruces-; e incluso, en la capital dezana, disfrutaban de un bañito en la piscina. En Santiago, tuvieron conciertos en el monte do Gozo, con la cerveza que en Cruces no pudieron servirles. El domingo, Rouco ofició la misa de clausura: y del gozo, al pozo. De los 30.000 jóvenes, concurrieron 3.000. Para el 90%, Santiago no valió una misa.