En directo | La romería reunió menos fieles que en años anteriores El tiempo no respetó el día grande en Losón, y se notó. Un cielo encapotado que a duras penas aguantaba la lluvia, y en día laborable, mermó la asistencia de romeros
24 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.? Corpiño Grande lo fue menos que otros años. El tiempo desapacible, y la coincidencia del día 24 en medio de un jueves laborable, desanimaron a los fieles a tomar el santuario de Losón en la misma medida que en otras ocasiones. Decían ayer algunos romeros que O Corpiño no cambia: el fervor religioso es el mismo, aunque ya no se plasme como antaño en tétricas escenas en el atrio del santuario. Los devotos continúan encargando misas: más de un millar era la cifra aproximada pasadas las doce y media, antes de terminar el oficio de los enfermos y salir la procesión. El coste, de siete euros por misa; la novena, a 75 euros. La tienda de recuerdos tenía más clientela que los confesionarios: desde variedad de relojes a mosaicos con la figura de la Virgen de O Corpiño, a 25 euros. Banderines de recuerdo a 4,2 euros, figuras, crucifijos,... En el exterior, la gente llevaba sus exvotos de cera al templo: a dos euros costaban, lo mismo que las cerezas. Porque O Corpiño no atiende sólo al espíritu. Los accesos al santuario son un permanente escaparate de rosquillas, de camisetas, de velas, de productos cárnicos, hasta de carcasas de móviles y brocas de taladro. Pero ayer, en los puestos, no había apreturas. Comentaban los feriantes que a lo largo de la mañana «ves xente que ven e vai, pero non se quedan: non fan festa». Los lugareños de Losón eran reacios a hablar de menor afluencia, y si lo hacían, inmediatamente mentaban el mal tiempo y el día laborable. Aunque en los aparcamientos próximos, no había llenos: ni el que cobraba cinco euros, ni la mayoría que pedía tres. Los autobuses, a doce euros: hasta medio centenar, de toda Galicia. Porque O Corpiño, el 24 de junio, no deja de ser grande. En el ir y venir, la megafonía del templo desgranaba la homilía: «Todo se lo merece María», y alentaba a los fieles a no limitar la devoción en visitar santuarios una vez al año, e «inyectar trascendencia espiritual» en el día a día. Tras el pulpo, vuelta a casa: hacia la N-525 en Prado, y observando a lo lejos el viaducto de la autopista y el trazado rectilíneo de la vía de alta velocidad, sobre la que se cruza unos kilómetros más allá: porque aunque la fe de O Corpiño permanezca inmutable, el entorno va cambiando.